Cristo, fundamento único
de la Iglesia (1 Cor 3,1-23)

Mensaje de la Comisión Episcopal
de Relaciones Interconfesionales

18-25 de enero de 2005

Tomado de Conferencia Episcopal Española

Cada año, del 18 al 25 de enero, todos los cristianos somos convocados de manera muy especial para orar por la unidad. Aunque son muchos los aspectos que nos unen, todavía estamos separados unos de otros. Ante esta anómala situación, no podemos permanecer impasibles, como si no nos afectara o no tuviéramos nada que hacer. Al contrario: hemos de seguir fielmente a nuestro Señor Jesucristo que ha querido que la comunidad de sus discípulos, la Iglesia, fuera una sola cosa en El.

1. Sentido de la oración por la unidad de los cristianos

La Semana de oración por la unidad nos interpela sobre la actual división, que contrasta con la voluntad de Jesucristo y que disminuye la capacidad evangelizadora de la Iglesia.

Al rezar por la unidad plena de los cristianos nos unimos a la oración de Jesús la víspera de su muerte: “No ruego sólo por éstos sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que sean todos uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 20-21). Jesucristo elevado al cielo intercede siempre ante el Padre por nosotros para que vivamos como hermanos.

Al orar por la unidad de los cristianos reconocemos que en el corazón del ecumenismo está la súplica perseverante a Dios para que nos envíe su Espíritu de concordia y de paz. La oración nos hace disponibles para trabajar sin desmayos, a pesar de los obstáculos, según los planes de Dios, que quiere la unidad de sus hijos. La Semana de oración por la unidad de los cristianos, que ha sido desde su origen como un despertador de nuestra conciencia para sintonizar con la voluntad del Señor sobre su Iglesia y fermento del movimiento ecuménico, debe purificar nuestro corazón de prejuicios, otorgarnos humildad para reconocer nuestros fallos y disponernos a la reconciliación.

Cuando en la oración toman parte cristianos, aún separados pero que aspiran hondamente a la unidad plena y visible, adquiere el encuentro una significación particular; invitamos a que en la medida de lo posible se organicen entre las diversas confesiones cristianas estas celebraciones de oración. Orar juntos empuja hacia la concordia; recitar unidos el Padrenuestro expresa y fomenta la unidad de la fe. Jesucristo, que ha prometido estar con nosotros cuando nos reunimos en su nombre (cf. Mt 18,20), nos fortalece con su presencia para recorrer los caminos de la unificación.

2. “Cristo, fundamento único de la Iglesia”

Es el lema de este año para la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Resume la respuesta de san Pablo a los fieles de Corinto, que por actitudes contrarias a la condición cristiana estaban divididos, apuntándose a grupos rivales con su líder a la cabeza (cf. 1 Cor 1, 10-4,21). Pablo, Pedro, Apolo y otros apóstoles son colaboradores del Señor y ministros del Evangelio, que han desarrollado diversas tareas en la comunidad; pero “nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo” (1 Cor 3,11). Los apóstoles deben ser servidores de Cristo y administradores fieles de los misterios de Dios (cf. 1 Cor 4,1). El bien excelente de la unidad de la Iglesia ha necesitado desde el principio ser reafirmado sobre sus fundamentos y ser recordado en la exhortación cristiana frente a las disensiones y escándalos.

El que Jesucristo sea el único fundamento puesto por Dios (cf. Act 4, 11-12; Ef 2, 19-22; 1 Ped 2,4 ss), sobre el cual se edifica la Iglesia, significa que por El hemos recibido la salvación, que El es nuestra paz (cf. Ef 2,14 ss) y que al margen de la unión con Jesucristo no puede afianzarse la unidad auténtica entre sus discípulos. Volviendo a Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn 14,6), hallamos los cristianos la fuente y la base de nuestra concordia. Si confesamos por la fe al mismo Cristo, debemos estar unidos en un mismo cuerpo. Nuestra unión será tanto más estrecha cuanto más unidos estemos todos con Jesucristo.

La Iglesia está inseparablemente unida a Cristo, como el rebaño a su pastor (cf. Jn 10,16) y como el sarmiento a la vid (15,5), porque su identidad y su misión es la misma que Cristo le ha confiado. La fe en Jesucristo, presente en medio de nosotros, nos reúne a los cristianos en una comunidad de hermanos e hijos de Dios por el bautismo.

No puede darse en el cristiano una disociación o disyuntiva entre Jesucristo y la Iglesia, como si para ser cristiano bastara con asumir el Evangelio solamente en el ámbito personal excluyendo la comunidad eclesial; ni tampoco sería correcto acentuar los aspectos organizativos de la Iglesia más que el Evangelio de Jesucristo, que ha de ser anunciado, celebrado y vivido personal y eclesialmente. Jesucristo continúa presente en la Iglesia, y ésta es su prolongación en la tierra. En este sentido se comprende cómo Jesucristo es su fundamento sobre el cual la Iglesia debe ser edificada.

3. Un edificio de piedras vivas

El Concilio Vaticano II nos señala que los Apóstoles construyeron la Iglesia sobre ese fundamento que le da solidez y cohesión (LG 6). Por ello, el cartel de este año nos presenta las piedras vivas, que somos todos los cristianos, y todos juntos, bien unidos y apoyados en Cristo, formamos la Iglesia. Es una llamada a todos los cristianos, para que cada uno mire el fundamento que pone, que no puede ser otro que el Hijo de Dios hecho hombre.

Estamos llamados, pues, a ahondar nuestras raíces en Jesucristo, que nos ha confiado el Evangelio en el que se contiene su mensaje de amor, de unidad, de paz, para después anunciarlo con nuestra vida y nuestras palabras. Por ello, necesitamos conocerlo y llevarlo a nuestra vida en privado y en público. El verdadero reto que tenemos todos los cristianos es conocer y comprender a la Iglesia desde Cristo y sólo desde El. Por ello, si ignoramos a Cristo y su mensaje, la imagen de la Iglesia queda totalmente desvirtuada.

El Papa Juan Pablo II nos ha recordado, en numerosas ocasiones, que Europa ha de revitalizarse mediante la vuelta a sus raíces. De manera especial lo ha recordado cuando se están poniendo los cimientos de la nueva Europa, que debe respirar con sus dos pulmones. También los cristianos estamos necesitados de descubrir nuestros orígenes, nuestras raíces, ir al fondo de nuestro ser cristiano. El camino de la unidad de los cristianos consiste en “ir juntos” hacia Cristo y hacia la unidad visible querida por El, de tal modo que la unidad en la diversidad brille en la Iglesia como don del Espíritu Santo, artífice de la comunión (Exhortación apostólica Ecclesia in Europa, 30).

4. La Eucaristía, sacramento de unidad de la Iglesia y escuela de paz

El presente Año de la Eucaristía es una oportunidad para entrar más intensamente en el dinamismo de unidad y de paz que la caracteriza.

Jesús murió para reunir a los hijos de Dios dispersos (cf. Jn 11,52); y en la celebración eucarística ofrecemos a Dios “el sacrificio de la reconciliación perfecta”. Por esto, pedimos al Padre que al participar del banquete pascual de su Hijo, que es “sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad” (San Agustín), nos conceda el Espíritu Santo para que desaparezcan los obstáculos en el camino de la concordia y la Iglesia sea en medio de los hombres signo de unidad e instrumento de paz.

La participación en la Eucaristía es fermento de unidad en la Iglesia y acicate de amor a los hermanos, y también impulso a la reunificación de todos los cristianos y a la pacificación de la humanidad entera.

“La Eucaristía no es sólo expresión de comunión en la vida de la Iglesia; es también proyecto de solidaridad para toda la humanidad... El cristiano que participa en la Eucaristía aprende de ella a hacerse promotor de comunión, de paz, de solidaridad en todas las circunstancias de la vida. La desgarrada imagen de nuestro mundo, que ha iniciado el nuevo milenio con el fantasma del terrorismo y la tragedia de la guerra, convoca más que nunca a los cristianos a vivir la Eucaristía como una gran escuela de paz” (Juan Pablo II, Carta apostólica Mane nobiscum, Domine, 27).

Cristo, fundamento único de la Iglesia, está presente de manera singular en la Eucaristía como llamada a la unidad plena y visible de la Iglesia. En la mesa eucarística se acrecienta el deseo de unidad con todos los cristianos y de paz entre todos los hombres.

Os saludamos con todo afecto:

Ricardo, Obispo de Bilbao y Presidente
Agustín, Arzobispo de Valencia
Jesús, Obispo de Ávila
Esteban, Obispo auxiliar de Valencia

 

Presentación

Introducción

Tenemos el gusto de anunciar el nacimiento de una nueva etapa de colaboración entre el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (Iglesia Católica) y la Comisión Fe y Constitución (Consejo Ecuménico de las Iglesias). En efecto, una nueva etapa hacia la unidad de los cristianos. Este año, por primera vez, el texto de la Semana de oración por la unidad de los cristianos no sólo ha sido preparado en común por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y Fe y Constitución, sino que se publican conjuntamente por los dos organismos las versiones francesa e inglesa. Agradecemos muy sinceramente a la Conferencia Episcopal Española haber asumido generosamente la responsabilidad de traducir al español este folleto.

Os animamos a hacer buen uso de este texto, naturalmente en la semana especial y a lo largo del año, como base para vuestra oración personal y pública por la unidad durante este año.

Brian Farrel, Secretario
Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos

Samuel Kobia, Secretario General
Consejo Ecuménico de las Iglesias

Buscar la unidad durante todo el año

Tradicionalmente, la Semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo. Esta elección tiene un significado simbólico. En el hemisferio Sur, donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, se prefiere adoptar igualmente en otra fecha, por ejemplo en torno a Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución en 1926) que representa también otra fecha simbólica para la unidad de la Iglesia.

Guardando esta flexibilidad de espíritu, os animamos a considerar estos textos como una invitación para encontrar otras ocasiones, a lo largo del año, y expresar el grado de comunión que las Iglesias ya han alcanzado, y orar juntas para llegar a la plena unidad querida por Cristo.

Adaptar los textos

Estos textos que han sido propuestos, cada vez que sea posible, se procurará adaptarles a las realidades de los diferentes lugares y países. Al hacerlo, se deberá tener en cuenta las prácticas litúrgicas y devocionales locales así como el contexto social-cultural. Tal adaptación deberá comportar normalmente una colaboración ecuménica.

En muchos países, las estructuras ecuménicas existen y permiten este género de colaboración. Esperamos que la necesidad de adaptar la «Oración» a la realidad local pueda animar la creación de esas mismas estructuras allí donde éstas no existen todavía.

Utilizar los textos de la Oración por la unidad de los cristianos

Para las Iglesias y las Comunidades cristianas que celebran juntas la «Oración» durante una sola ceremonia, este folleto propone un modelo de Celebración ecuménica de la Palabra de Dios.

Las Iglesias y las Comunidades cristianas pueden igualmente servirse para sus celebraciones de las oraciones y de otros textos de la Celebración ecuménica de la Palabra de Dios, de los textos propuestos por el Octavario y de las oraciones presentes en el apéndice de este folleto.

Las Iglesias y Comunidades cristianas que celebran la «Oración por la unidad de los cristianos» cada día de la semana, pueden encontrar sugerencias en los textos propuestos para el Octavario.

Si se desea realizar estudios bíblicos sobre el tema del año 2005, pueden servir de apoyo igualmente los textos y las reflexiones bíblicas propuestas para el Octavario. Los comentarios de cada día pueden concluir con una oración de intercesión.

Para las personas que desean orar en privado, los textos de este folleto pueden animar sus oraciones y su llamada a la comunión con todos aquellos que oran en todo el mundo por una mayor unidad visible de la Iglesia de

Orientaciones y sugerencias

1. La Oración por la Unidad de los Cristianos constituye una obligación para todos los creyentes en Cristo de orar para que todos sean uno (Jn 17, 21). Además, la oración por la unidad viene motivada por la actual división de los cristianos, que contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura (UR 1). Es, por último, una necesidad, porque la Iglesia entera se tiene que manifestar una y unida, en comunión.

2. La Iglesia ha de considerar la oración por la unidad como algo esencial en su testimonio, antes de llevar a cabo la tarea evangelizadora. Por ello, hay que recordar la importancia que tiene la oración y las celebraciones para el ecumenismo. En el Misal Romano existen tres formularios para las celebraciones eucarísticas. El Libro de la Oración de los Fieles ofrece también numerosos esquemas.

Materiales de apoyo

3. Además del mensaje, el Secretariado de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales ofrece dos materiales para la Oración por la Unidad de los Cristianos del año 2005: el guión celebrativo para cada día del octavario junto con una celebración ecuménica, y el cartel con el lema Cristo, fundamento único de la Iglesia (1 Cor 3,1-23). Cada diócesis o comunidad eclesial puede oportunamente completar esta ayuda con otros materiales (carta del obispo diocesano o de su delegado, guión litúrgico para el domingo del octavario, homilía, etc.).

4. El guión celebrativo ofrece la posibilidad de orar por la unidad durante los ocho días (18-25 de enero), y dedica una oración y una reflexión para cada día. Incluye también una celebración ecuménica que, debidamente adaptada, puede hacerse especialmente en aquellas comunidades que dedican solamente un día a la oración por la unidad.

5. El cartel de este año nos recuerda que los cristianos somos piedras vivas e integrantes en la construcción eclesial, que el Señor invisible está siempre presente en su Iglesia dando fuerza y cohesión, y que hemos de estar bien cimentados y arraigados en su amor. Indica que entre Cristo y la Iglesia existe una relación esencial, y que no cabe formular disyuntivas. La identidad cristiana se ha de manifestar también en una mayor identificación eclesial. El lema bíblico está tomado del contexto de la edificación que san Pablo propone, ante una situación de división como existía en Corinto. Es, además, una seria reflexión para que cada uno examine con qué materiales edifica o sobre qué cimiento fundamenta. Puede servir el cartel para convocar otras celebraciones ecuménicas (Semana de Pentecostés, Día de la Reforma) o como recuerdo.

Formas celebrativas

6. No todas las comunidades cristianas son iguales en número de miembros o en sensibilidad ecuménica, ni posiblemente todas puedan orar en común por la unidad durante un octavario. Cada una deberá escoger el tiempo especialmente dedicado a esta intención. Por ello, el mismo cartel no menciona la palabra "octavario", sino el nombre genérico de "Oración por la Unidad de los Cristianos".

7. En las ciudades y capitales diocesanas será muy oportuno que cada día del octavario se celebre en una parroquia distinta y se termine con una celebración en la catedral, presidida por el propio obispo, o en su defecto por el vicario general o el propio delegado. Si en algunas ciudades existen comunidades no católicas conviene que cada día del octavario se reparta entre las distintas comunidades católicas y no católicas, o al menos se las invite. Al delegado de Relaciones Interconfesionales junto con sus colaboradores (y otros pastores no católicos) corresponde elaborar este calendario de celebraciones. En aquellos lugares donde haya sacerdotes católicos de rito no latino, conviene que no se confundan con los no católicos si intervienen en las celebraciones: hay que dejar bien claro que en la Iglesia católica existen el rito latino y otros ritos.

8. En algunos núcleos importantes de población, en arciprestazgos e incluso en todas las parroquias debe mantenerse la oración por la unidad durante el domingo coincidente (23 de enero) utilizando, a tenor de las normas litúrgicas, la misa por la unidad, aunque deben conservarse las lecturas correspondientes al domingo. También puede hacerse el domingo por la tarde la celebración ecuménica debidamente adaptada, en la que se resalten algunos materiales de construcción, y especialmente el Evangeliario (la Palabra de Dios es fundamental) o el cirio pascual (que indica la fe a profesar y a propagar).

9. No se prohibe que durante el octavario se dedique algún día a los aspectos formativos sobre la unidad de los cristianos. Pero no hay que olvidar que lo esencial del octavario es fundamentalmente la oración y no conviene mezclarlo con la formación. El ámbito de la formación ecuménica es otro: en los seminarios, institutos y grupos parroquiales. Menos aún para dedicar el octavario a otros temas ajenos, como el diálogo interreligioso, la presencia inmigrante del Islam o la problemática sectaria.

Texto bíblico para “La oración por la unidad”

CRISTO, FUNDAMENTO ÚNICO DE LA IGLESIA (1 Cor 3, 1-23)

“Hermanos, no me fue posible entonces trataros como a hombres maduros en el espíritu; tuve que hacerlo como a personas inmaduras, como a cristianos en estado infantil. Os nutrí con leche y no con alimentos fuertes, ya que no érais capaces de más. Y tampoco lo sois ahora. Aún estáis sujetos a las apetencias humanas. Pues mientras haya entre vosotros envidias y rivalidades, es señal de que os dominan esas apetencias y de que no habéis superado el nivel puramente humano. En efecto, cuando uno dice: “Yo estoy con Pablo”, y otro “Yo con Apolo”, ¿no demostráis que sois todavía demasiado humanos?

¿Qué es, en definitiva, Pablo? ¿Y qué es Apolo? Simples servidores que os condujeron a la fe, valiéndose cada cual del don que Dios le concedió. Yo planté y Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer. Así que ni el que planta ni el que riega cuentan para nada; Dios, que hace crecer, es el que cuenta. Y entre el oficio de plantar o el de regar no hay diferencia, si bien cada uno recibirá el salario en proporción a su trabajo. Lo único que nosotros hacemos es colaborar con Dios; vosotros sois el campo que Dios cultiva, la casa que Dios edifica.

Yo, respondiendo al don que Dios me ha concedido, he puesto los cimientos como buen arquitecto; otro es el que levanta el edificio. Mire, sin embargo, cada uno cómo lo hace. Desde luego, el único cimiento válido es Jesucristo, y nadie puede poner otro distinto. Pero sobre ese cimiento puede construirse con oro, plata y piedras preciosas, o bien con madera, paja y cañas. El día del Señor hará luz sobre el valor de lo que cada uno haya hecho, pues ese día vendrá con fuego, y el fuego pondrá a prueba la consistencia de la obra de cada uno. Aquel cuyo edificio, levantado sobre el cimiento, se mantenga firme, será premiado; aquel cuyo edificio no resista al fuego, perderá la recompensa. A pesar de lo cual, él se salvará, si bien como el que a duras penas escapa de un incendio.

¿Ignoráis acaso que sois templo de Dios y morada del Espíritu divino? Si destruís el templo de Dios, Dios mismo os destruirá a vosotros; no en vano el templo de Dios es algo santo, y vosotros mismos sois ese templo.

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros presume de listo según los criterios de este mundo, mejor será que se convierta en necio, para alcanzar así la verdadera sabiduría. Porque la sabiduría del mundo es necedad a los ojos de Dios. Así lo dice la Escritura: Dios atrapa a los sabios en su propia astucia. Y en otro lugar: El Señor sabe lo vanos que son los pensamientos de los sabios.

Que nadie, pues, ande presumiendo de quienes no pasan de ser hombres. Todo os pertenece: Pablo, Apolo, Pedro, el mundo, la vida, la muerte, lo presente y lo futuro; todo es vuestro. Pero vosotros sois de Cristo, y Cristo es de Dios”.

Traducción ecuménica del Nuevo Testamento

Introducción teológica y pastoral

CRISTO, FUNDAMENTO ÚNICO DE LA IGLESIA (1 Cor 3, 1-23)

Este tema ha sido elaborado en un contexto de fe caracterizado por las nuevas posibilidades que se ofrecen a la Iglesia. Después de más de diez años, las Iglesias de Eslovaquia conocen un periodo de renovación y desarrollo tras una cuarentena de años de situación política que, aunque podían existir, se impedía su expansión y se limitaba su testimonio en la sociedad. Para preparar el tema de la Oración por la Unidad de este año, el grupo reflexionó sobre las siguientes cuestiones:

  1. ¿Cúal es el fundamento sobre el cual se construye la nueva “existencia” de sus Iglesias?
  2. ¿Existe un espacio de creencia en la unidad dentro del proceso de fe de las respectivas comunidades confesionales?
  3. ¿Cúales son los medios para fortalecer el servicio de la Iglesia?

En el Nuevo Testamento se encuentran las cartas dirigidas a las Iglesias para animarlas en su creencia espiritual viviendo en un mundo frecuentemente hostil a los valores del Evangelio. Entre ellas, la primera carta a los cristianos de Corinto es el texto sobre el que se basa el trabajo del grupo preparatorio. La reflexión que sigue es una introducción teológica y pastoral al tema de este año y al octavario de oración, que se inspira principalmente en la situación eslovaca y en la experiencia reciente de sus comunidades cristianas. El deseo del grupo preparatorio es que estas consideraciones puedan estimular a las Iglesias en su contexto específico, sea la que sea la situación en la que se encuentren sus comunidades cristianas, tanto si se trata de fe como si está en declive.

Crecer en la fe significa crecer en la unidad

Sobre la experiencia del crecimiento en la fe se constata en Eslovaquia que es realmente un don para todas las Iglesias de este país. Personas que estuvieron apartadas de las Iglesias antes de los acontecimientos de 1989, comenzaron a aproximarse a ellas para encontrar respuestas a las cuestiones importantes de su vida. Ello muestra que las Iglesias, en su faceta de difundir el mensaje del Evangelio, tienen que adaptarse a este nuevo contexto. La situación en Eslovaquia no fue más diferente que la que encontró Pablo cuando ayudaba a crecer a la Iglesia de Corinto.

A pesar de ello, este proceso de fe no está exento de fracasos y problemas. Pablo constata que los corintios no están aún preparados para recibir el alimento sólido que permite crecer en la fe. Es normal que para empezar a crecer hay que beber leche. Sin embargo, si después de un cierto tiempo el cuerpo no llega a absorver alimento sólido, significa que el organismo no funciona correctamente.

Pablo emplea una expresión muy fuerte para describir a los corintios. Les llama “hombres carnales” porque no alcanzaron la madurez espiritual. Viven todavía según sus inclinaciones humanas que se manifiestan en sus deseos y disputas mezquinas (día primero). ¿Cómo Pablo pudo utilizar palabras tan fuertes para describir a un pueblo donde la Iglesia es rica en múltiples dones y está llena de vida? Esta riqueza la conoce bien Pablo y se refiere a ella en 1 Cor 14.

Esta falta de madurez espiritual no se manifiesta en la ausencia de finos razonamientos o elementos visibles de poder. La comunidad es rica en dones y en obras. A este respecto, no era más pobre o más débil que otras. Por tanto, Pablo califica a esta Iglesia de carnal; llama niños a los corintios. ¿Porqué? Por la ausencia de unidad entre ellos.

Las Iglesias de Eslovaquia se preguntan en qué medida su crecimiento ha sido auténtico en estos últimos quince años de libertad y de nuevas responsabilidades. ¿Qué valor tienen los resultados alcanzados, si es verdad que todavía existen tensiones entre las diferentes confesiones? Las Iglesias de Eslovaquia comprendieron la necesidad de orar para que los cristianos crezcan en la fe y que este crecimiento esté marcado por la unidad en el servicio y por una comprensión recíproca.

La humildad en el servicio es fuente de unidad

La división que reinaba en Corinto no había sido capaz de rechazar ciertos principios de la fe. El verdadero problema había sido el rechazo a abandonar los antiguos comportamientos humanos. A pesar de los diferentes dones espirituales que los corintios habían recibido, faltaba alguna cosa, como la unidad del espíritu y sus intenciones necesarias. Pablo rechaza esta forma de ser cristianos. Él no cae en la trampa de los deseos que profesan ciertos fieles, que los adoran y los reclaman. Insiste sobre el hecho de que ni él ni Apolo son “dueños” de lo que les pertenece. Son “servidores (de otros) para ser llamados a la fe” (1 Cor 3,5). Además, no ejercen este ministerio gracias a sus solas fuerzas. Realizan este servicio según los dones que el Señor les concedió.

Esta actitud es a la vez signo de humildad y de grandeza. La manera en que Pablo concibe el ministerio no se inscribe en una perspectiva terrena, según la cual un simple servidor se sitúa en las antípodas del deseo de ser servido como alguien importante en la Iglesia. Jesús nos enseña, en Mt 20,28, que “el Hijo del Hombre vino al mundo no para ser servido, sino para servir”. Por ello, todos los dones recibidos deben ser puestos al servicio del plan de Dios, de tal forma que indiquen que el autor es más que el destinatario.

Pablo comprende que el fruto de este servicio será diferente por fundamentarse sobre la cooperación. Precisamente este es el don que los eslovacos han experimentado. En la nueva situación que se ha creado, en razón sobre todo de la movilidad de las personas, los servidores a menudo no se dan cuenta de los frutos de la palabra que ha sido plantada. Hoy, como en los tiempos de Pablo, unos plantan como entonces y otros son los que proveen cada día de lo necesario para el crecimiento, y otros son los que se ocupan de la cosecha. En el pasado, las personas se pasaban toda su vida en el mismo pueblo o ciudad; los pastores locales podían seguir las necesidades espirituales de sus fieles desde el momento en el que sembraban la semilla del Evangelio hasta la cosecha de frutos. Hoy día se da el caso de muchas personas que están comprometidas en este proceso de crecimiento no sin problemas. En el mismo seno de las Iglesias de la misma confesión se producen tensiones entre los fieles, como también las hubo en el caso de Corinto. Además, se olvida a menudo que no son los ministros los que hacen crecer en la fe, sino que “solo Dios cuenta, él hace crecer” (día segundo).

Esta situación debe hacernos reflexionar: ¿en qué medida las tensiones que hay entre nosotros están provocadas por diferencias doctrinales? ¿No somos todavía demasiado orgullosos? ¿Hasta qué punto nuestras acciones están sometidas al poder más que al deseo y a la voluntad de servir?

Pablo tuvo que afrontar una situación semejante entre los cristianos de Corinto. La respuesta que hay que aportar es la de la humildad en el servicio como medio para comprender la unidad. Esta es la experiencia que a través de la convivencial o hacen las Iglesias todavía hoy. Hemos aprendido que somos compañeros de trabajo, que trabajamos juntos en la obra de Dios, cada uno edificando sobre el único fundamento que Él ha puesto, que es Cristo. Conscientes de ello, podemos apoyarnos unos a otros y actuar según la gracia que Dios ha dado a cada uno de nosotros (día tercero).

Edificar el servicio sobre el único fundamento

Tenemos una gran responsabilidad en nuestro servicio. El fundamento ha sido puesto, pero el edificio construido sobre este fundamento depende del trabajo de cada constructor. ¿Cualquier actitud de nuestra parte será signo del don recibido de Dios? Pablo, en su carta, subraya que existe una diversidad de dones y servicios, pero también todos proceden del mismo y único Señor. La diversidad es ofrecida por el mismo Espíritu para el bien de todos los miembros y para la unidad del cuerpo de la Iglesia (1 Cor 12,4 ss). Estos dones deber ser utilizados sabiamente para edificar la Iglesia y para construir puentes como signo de esperanza y de unidad en Cristo (día cuarto).

Para Pablo y para nosotros está claro que en el trabajo realizado se pone de manifiesto la obra de cada uno. En el pasado las Iglesias han estado, a veces, muy ocupadas en solucionar sus problemas internos en lugar de proclamar el mensaje de la muerte y de la resurrección de Cristo como fundamento de la vida cristiana. Por el contrario, Pablo siempre es considerado como responsable de sus acciones y de sus obras ante Dios. Igualmente, las Iglesias deben sentirse responsables ante Dios y ante los demás, como también ante sus compañeros en el servicio. La tarea a cumplir revelará en qué medida hemos sido buenos discípulos de Cristo (día quinto).

En estos esfuerzos para animar a los cristianos de Corinto, Pablo deberá debía definir cúal era su identidad. Puesto que ellos habían recibido el don del Espíritu, llegaron a ser el templo de Dios y edificados a su imagen. Esta realidad invita a los cristianos a vivir unidos en el Espíritu Santo que, a su vez, les une en Cristo, único fundamento (día sexto).

Sobre la base de nuestras experiencias y conocimientos, empezamos a entrever la locura de seguir caminos separados que, a su vez, están en el origen de las divisiones entre los discípulos de Cristo. Es esta la locura a la que Pablo se refiere al comienzo de su carta a los corintios cuando les exhorta a estar todos de acuerdo y a evitar las divisiones, ya que ellos deben estar “unidos en un mismo pensar y en un mismo sentir” (1 Cor 1,10). De la única Iglesia de Cristo hemos hecho surgir numerosas divisiones fundadas en el desacuerdo, en lugar de compartir el mismo espíritu y la misma meta hemos obrado los unos contra los otros. Este resultado es probablemente el fruto de un mundo donde los rasgos de carácter común como el individualismo y el deseo de competir son considerados como signos de sabiduría. Por el contrario, Pablo proclama el mensaje de Cristo que se humilló aceptando nuestras debilidades humanas hasta la muerte, revelando “todo lo que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Cor 2,9) (día séptimo).

Pablo equipara las diferentes personas comprometidas al servicio del Evangelio. Sitúa luego esta fraternidad en el contexto de una unidad universal y cósmica. Asegura a los que, en épocas y lugares diferentes, han edificado sobre el único fundamento de que pertenecen juntos a Cristo. Son de Él. Si nosotros pertenecemos a Cristo, pertenecemos igualmente a Dios. Pablo es consciente de que Dios actuó en la creación a través de Cristo para renovar y reconciliar todas las cosas. Como servidores y ministros, estamos unidos cuando comprendemos que nuestro servicio comienza en Cristo y se dirige hacia Dios, que ha puesto el único fundamento de nuestra fe y es el origen de nuestra unidad (día octavo).

El Octavario de oración nos invita a reflexionar juntos como Iglesias diferentes, a implorar los unos por los otros la bendición de Dios, y buscar los campos en que es posible crecer juntos en la unidad.

Preparación de textos para el Octavario

El proyecto inicial a partir del cual este folleto se ha preparado, ha sido propuesto este año por un grupo ecuménico compuesto de miembros del Comité teológico del Consejo Ecuménico de Iglesias de Eslovaquia. Las personas que han tomado parte son las siguientes (por orden alfabético):

Obispo Augustin Bacinsky (Iglesia vetero-católica)
Rev. Tsol Görözdi (Iglesia reformada)
Rev. Jan Halama (Iglesia católica)
Rev. Jozef Havercak (Iglesia ortodoxa)
Rev. Jan Henzel (Church of the Brethren)
Rev. Gabriela Kopas (Iglesia metodista)
Rev. Jozef Kulacik (Unión baptista)
Rev. Mikulas Lazor (Iglesia ortodoxa)
Rev. Ondrej Prostrednik (Iglesia evangélica de la Confesión de Augsburgo)

Agradecemos al Comité teológico la elaboración de estos textos y la fuente de inspiración que ha aportado en nuestro trabajo. La versión difinitiva de estos textos ha sido realizada en la reunión de un grupo preparatorio internacional formado por miembros designados por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los Cristianos de la Iglesia católica. El encuentro ha tenido lugar en el Centro de retiro de los PP. Jesuitas de Piestany (Eslovaquia), donde los participantes han sido recibidos personalmente por el Director, P. Emil Vani. Nuestro reconocimiento se dirige igualmente al conjunto del personal del Centro por su apoyo en la oración y por su cálida acogida. Finalmente, deseamos expresar nuestra más sincera gratitud al Consejo Ecuménico de las Iglesias de Eslovaquia y en particular a su Secretario, el Rev. Ondrej Prostrednik, por la preparación a nivel local de este encuentro y por la generosa hospitalidad ofrecida al grupo preparatorio internacional.

Oraciones suplementarias de la tradición eslovaca

ORACIÓN DE SAN CIRILO AL APROXIMARSE SU MUERTE

Señor Dios nuestro, tú has creado el coro de los ángeles y todas las potestades celestes, tú has llamado a las cosas del no-ser a la vida, y escuchas siempre las oraciones de los que cumplen tu santa voluntad y de quienes, en tu temor, respetan tus mandamientos:

Escucha, Señor, mi humilde oración; proteje el rebaño de tus fieles que me has confiado, a mí que no soy más que tu humilde e indigno servidor. Líbralos de la malicia impía y pagana de los que blasfeman contra ti, destruye la herejía de las tres lenguas , engrandece a tu Iglesia y consérvala fielmente unida.

Une a tu pueblo en la profesión de su fe e inflama su corazón por la verdad de tu Palabra. Tú nos has concedido una inmensa gracia para proclamar el Evangelio de tu Cristo, y tu pueblo está dispuesto a cumplir tu obra de bondad.
Encomiendo a tus manos a los que me habías confiado: guíales con tu brazo derecho y poderoso, y protégeles para que todos canten tu alabanza y glorifiquen tu santo nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN DE NAVIDAD

Padre celestial, fuente de toda bondad. Te damos gracias porque en tu misericordia nos has llevado a recordar el día glorioso de la natividad de tu Hijo, y nos concedes contemplarle con los ojos de la fe.

¡Qué inmensa alegría! Nacido por nosotros, ricos o pobres, nos ofrece dones maravillosos. Se hace Hijo del hombre para que nosotros lleguemos a ser hijos e hijas de Dios.

Dios eterno: que el firmamento cante tu alabanza y que la paz sobre la tierra se nos conceda. Jesucristo, salvador nuestro, ¿cómo podemos darte gracias por tu amor infinito? ¡Recibe la alabanza reconocida de nuestros corazones! Ilumínanos con tu Espíritu Santo para que no nos olvidemos que por la gracia de Dios nos viene la salvación.

Y ayuda a todos los hombres y mujeres a rechazar las pasiones impías de este mundo. Así seremos transformados y nuestras vidas serán rectas y colmadas de tu presencia. Amén.

Juraj Tranosvský (1592-1637), pastor luterano de Liptovský Mikulás, compositor de cantos y editor de la “Cithara Sanctorum” (colección de cantos luteranos utilizados hasta 1991 por la Iglesia luterana de Eslovaquia).


CANTO MATINAL

Dios, Padre nuestro, nos levantamos para decir
Que tu nombre sea alabado en este nuevo día.
Para que teniendo la santidad y la fuerza se eleven nuestras oraciones
Concédenos tus dones buenos y perfectos.

Oh Hijo de Dios, te imploramos
Que todo lo que deseemos, proclamemos y realicemos
Sea siempre agradable a tus ojos
Y se cumpla tu alegría y la nuestra.

Oh Espíritu Santo, preserva del escándalo
A todos los que viven aquí abajo en el tormento y el dolor
Y cuando el día amanezca
Corona nuestras vidas de una gloria resplandeciente.

Ji i Zábojník (1608-1672), pastor luterano
(oración traducida del inglés por J. Vajda 1969).

OH SEÑOR, JESUCRISTO, NUESTRO PASTOR

Tú que nos concedes la salvación, la alegría y la fuerza, con amor dirige tu mirada sobre nosotros, acuérdate de tu rebaño y protégelo.

Los lobos nos rodean y buscan destruir tu amor día y noche. Son muchos, y sin tu ayuda no podemos. Se acercan a nosotros y tu rebaño está sin defensa. Intercede por nosotros, Príncipe de la Paz. Tú has muerto por nuestros pecados, nosotros imploramos tu auxilio, ya que sabemos que sólo tú nos puedes salvar.

Porque tuya es la gloria y el honor por siempre, oh buen Pastor, Dios maravilloso, que nos guardas cerca de ti y al final nos llevarás al cielo junto a tu Padre. Amén.

Par Kristina Royova (1860-1936), en Piesne Sionska (Cánticos de Sión), romancera y compositora de cánticos, personaje clave del movimiento espiritual eslovaco.

ORACIÓN DE TRADICIÓN CATÓLICA

Alma de Cristo – Anima Christi

Letanía del Sagrado Corazón de Jesús

Situación ecuménica de Eslovaquia

Eslovaquia es un nuevo Estado poblado por antiguas etnias nacionales. Los 5,3 millones de habitantes de la República de Eslovaquia son en su mayoría eslovacos (86%). Los húngaros constituyen la más importante etnia minoritaria (11%) y están concentrados en las regiones situadas al sur y al este del país. En esta parte de Europa, Eslovaquia es la nación que proporcionalmente abarca la más importante población de gitanos. En efecto, se estiman en torno a 500.000 personas. Otros grupos étnicos, igualmente, están presentes, como los checos, los rutenos (o “Rusynos”) los alemanes y los polacos. Los inmigrantes más recientes, a veces sin papeles, son en su mayoría originarios de los países más pobres de la Europa del Este. Grupos compactos de inmigrantes rusos, ucranianos, serbios y búlgaros, se concentran en las ciudades más importantes.

En esta región, el cristianismo fue introducido en sus principios bajo la forma oriental durante el siglo IX gracias a la obra misionera de los santos Cirilo y Metodio. A partir del siglo XI hasta el principio del siglo XX, el territorio eslovaco actual fue dominado por los húngaros, y de este modo llega a ser mayoritariamente católico. La renovación nacional eslovaca fue lanzada en el siglo XIX por intelectuales que deseaban volver a dar vida a la lengua y a la cultura eslovacas.

La aspiración común de los checos y eslovacos de liberarse del imperio de los Habsburgo se realizará con la formación de la República checoslovaca en 1918, seguida de la Primera Guerra Mundial. El 17 de noviembre de 1989 comienza toda una serie de manifestaciones públicas –la célebre “Revolución del terciopelo”- que condujeron a la caída del régimen comunista en Checoslovaquia. En 1992, las negociaciones para la nueva constitución federal conocen un impás sobre la cuestión de la autonomía eslovaca, pero a finales de 1992 un acuerdo concluye en la separación pacífica de Checoslovaquia en dos partes: la República checa y la República eslovaca (RS).

Las condiciones socio-económicas de la RS son duramente precarias, aunque generalmente mejores si se comparan con las de los países vecinos situados al este de Eslovaquia. Después de las importantes elecciones legislativas que se celebraron en 2002 y que significa la abolición de los partidos nacionalistas, Eslovaquia presenta su candidatura para llegar a ser miembro de la OTAN y de la Unión Europea. Esto se acepta. La entrada de Eslovaquia en el seno de estas dos organizaciones no dejará de influenciar fuertemente el desarrollo futuro del país.

A nivel nacional la tasa de paro es superior al 15% y en ciertas regiones sobrepasa el 30%. Las personas más amenazadas son naturalmente las que conocen el paro a largo plazo. Los gitanos, las familias monoparentales, los niños y las familias numerosas son otras categorías vulnerables expuestas al riesgo de la pobreza. Dada la precariedad de la situación social y sanitaria, la población gitana tiene una esperanza de vida inferior al 15% comparativamente a la media del resto de los habitantes eslovacos.

En Eslovaquia el ecumenismo en su forma organizada nació en medio de las Iglesias protestantes para hacer valer sus intereses en relación con la mayoría católica. En 1927 se funda la Unión de las Iglesias Evangélicas de Checoslovaquia (Eslovaquia fue miembro de 1918 a 1993). Fue precisamente en el seno de esta Unión donde se originaron los primeros contactos con el movimiento ecuménico internacional todavía muy joven.

Los representantes de ciertas Iglesias habían adquirido una conciencia creciente de la importancia de este movimiento que comenzaba a desarrollarse en Europa y en el mundo entero después de la Segunda Guerra Mundial. Les parecía claramente que el mensaje del Evangelio debía unir a las Iglesias y no separarlas. El 20 de junio de 1955 fue fundado el Consejo Ecuménico de las Iglesias de Checoslovaquia. Este organismo tenía entre otros fines el de permitir a las Iglesias expresarse públicamente sobre la situación social que se había instaurado en el interior del país después de 1948, año en que el poder fue tomado por los comunistas en Checoslovaquia. Fue un periodo de restricciones para la vida y la misión de las Iglesias, así como de persecuciones de las personas activamente comprometidas en la vida de la Iglesia. Paralelamente, fue necesario establecer una colaboración con las Iglesias de los países vecinos. La tarea de este Consejo Ecuménico fue llevar a la práctica las ideas del movimiento ecuménico en el territorio checoslovaco.

El año 1989 y la llegada de la democracia dieron un impulso nuevo a todas las Iglesias en su tarea. La obra de renovación de la Iglesia podía comenzar. El trastorno de las condiciones de vida en el país tuvo igualmente como efecto el de transformar la misión y los objetivos del movimiento ecuménico.

Después de la división de Checoslovaquia en dos Estados diferentes, la actividad del nuevo Consejo Ecuménico de las Iglesias de Eslovaquia (COERS) comienza el 15 de abril de 1993 con su primera asamblea. Éste reagrupa en su seno a las Iglesias activas en el territorio de la Republica eslovaca. Actualmente once Iglesias son miembros, mientras tres de ellas son observadoras. Son miembros de pleno derecho la Iglesia Evangélica de la Confesión de Augsburgo en Eslovaquia, la Iglesia Reformada en Eslovaquia, la Iglesia Ortodoxa en Eslovaquia, la Brethren Church de Eslovaquia, la Iglesia Metodista del Distrito eslovaco, la Iglesia Husita checoslovaca en Eslovaquia, la Unión Bautista en Eslovaquia y la Iglesia Veterocatólica de Eslovaquia. Son observadoras la Iglesia católica (latina y greco-católica), la Iglesia Apostólica de Eslovaquia y la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

El contexto ecuménico se caracteriza por una cierta desproporción en el número de fieles pertenecientes a las diferentes Iglesias. Las cifras indicadas a continuación, tomadas del censo elaborado en 2001, darán una idea del reparto de los cristianos en Eslovaquia: católicos (72,9%): (latinos: 68,9% y greco-católicos: 4%); luteranos (6,9%); reformados (2,03%); ortodoxos (0,93%); restantes confesiones (menos de 0,1%). Hay una cierta correlación entre la afiliación religiosa y la pertenencia a una etnia. La mayoría de los cristianos reformados son de origen húngaro y la mayor parte de los ortodoxos son inmigrantes rutenos o ucranianos. La población total de Eslovaquia se eleva a 5,3 millones de habitantes. En tal contexto, el Consejo Ecuménico representa principalmente a las “más pequeñas Iglesias”. Por ahora, según el censo de 2001, el número de personas que se declararon pertenecientes a una confesión religiosa en Eslovaquia pasa del 72% (1991) al 84% (2002). Este ascenso se debe en parte a las reticencias de ciertos grupos religiosos a declarar su pertenencia religiosa en 1991 y a la obra misionera de las Iglesias en Eslovquia.

Las relaciones Iglesia-Estado son generalmente buenas en Eslovquia y recientemente se han fortalecido. El Departamento eclesial del Ministerio de Cultura es el encargado de velar sobre ellas. Este es quien administra las subvenciones concedidas por el Estado a las comunidades religiosas oficiales. En ningún caso pueden interferir en sus acvtividades internas. El Ministerio de Cultura administra igualmente un fondo cultural que, entre otras finalidades, es destinado a la conservación y reparación de los edificios religiosos históricos. El Consejo Ecuménico, subvencionado por el Estado, es un organismo importante para el diálogo y la representación de las Iglesias ante las autoridades. Los encuestas efectuadas ante la opinión pública sitúan sistemáticamente a la Iglesia entre las instituciones de la máxima dignidad y confianza del país. En las recientes elecciones se pudo ver que aumentó la participación en el gobierno por parte de los partidos y de hombres políticos explícitamente cristianos.

En 2000 el Gobierno eslovaco firmó un tratado internacional con el Vaticano, reglamentando sus relaciones con la Iglesia católica. En el mes de abril de 2002, igualmente, firmó un acuerdo con las once Iglesias oficiales miembros del COERS a fin de que se las atribuya el mismo estatuto que el que goza la Iglesia católica. Este acuerdo a nivel nacional tiene el sentido de garantiar el reconocimiento, el estatuto y la ayuda económica para las Iglesias y el COERS. El apoyo que el Estado aporta a las escuelas religiosas ha sido igualmente fortalecido.

A pesar de esto, la futura remunuración del clero y del personal eclesiástico por el Estado eslovaco es incierto y constituye un desafío para la viabilidad económica de las estructuras de la Iglesia y sus obras.

En marzo de 2003 la Asamblea del Consejo Ecuménico exhortó a los ciudadanos eslovacos a apoyar la candidatura de su país para su ingreso en la Unión Europea. Según las Iglesias, la ampliación de la Unión Europea tiene el reto de la integración interna de las personas y de las Iglesias en Eslovaquia y necesita que las Iglesias acepten servir conjuntamente el Evangelio en el mundo de hoy. El proceso de integración europeo debe limitarse a los aspectos económicos y políticos impuestos por la Unión Europea. Las Iglesias estiman que sus propios objetivos deberían ser indicados en el proceso de integración, de tal manera que la búsqueda de una mayor apertura para la colaboración ecuménica y de los medios puedan contribuir a fortalecer esta colaboración. Parelelamente, la identidad espiritual de las Iglesias y la integridad cultural de Eslovaquia deberían ser precisamente mantenidas y salvaguardadas de tal manera que se evite la disolución en una nueva integración. Además, ciertas Iglesias se inquietan ante la creciente insinuación en el sistema escolar de enseñanzas sectarias así como de actitudes neoliberales de la sociedad eslovaca, tendencias arriesgadas al poner en peligro el sistema tradicional de valores morales.

En 2000 el COERS lanzó un programa de educación persiguiendo dar a las Iglesias miembros los medios para realizar su obra, principalmente en lo que se refiere al trabajo en el campo social, en favor de los jóvenes y de los grupos marginados. Confiado a un secretario, este programa ofrece la oportunidad de organizar seminarios de formación y conferencias, dirigidos a personas especializadas en el trabajo eclesial. Ha sido igualmente creado para la coordinación y el acompañamiento en su trabajo de las comisiones del COERS respectivamente consagradas a la juventud, a las mujeres y al diaconado. En 2002 este programa ha organizado nueve seminarios de formación y una conferencia sobre el estatuto de la mujer a la luz del Nuevo Testamento.

Después de 1999 el COERS dirige igualmente un centro de estudio sobre la nueva religiosidad. Este programa está propuesto en colaboración con la Sociedad Ecuménica de estudio de las sectas y goza además de la protección de la Conferecia Episcopal Católica. Como actividad principal publica una revista trimestral, ROZMER (Dimensión). En 2002 se publicaron cuatro números en 2500 ejemplares. El programa se ocupa también de la difusión de la información. El último año nueve conferencias trataron sobre la nueva religiosidad y han sido impartidas en diversas regiones del país. El centro, además, posee una página web. El pasado año ha sido consultada 12000 veces. Veinticuatro cuestiones enviadas por correo han sido tratadas. Un centenar de visitantes ha sido personalmente recibido en el centro dirigido por un secretario de programa y un asistente administrativo. Actualmente, el COERS busca obtener un apoyo para fortalecer este programa y crear un puesto de consultor/consejero a tiempo pleno.

Después de febrero de 2001, el COERS presenta un programa de información semanal en el cual se difunden las noticias procedentes de las Iglesias y de las organizaciones ecuménicas del mundo entero. Un programa de 10 minutos, realizado en colaboración con la Radio pública eslovaca, propone las noticias de agencias de prensa ecuménica, tales como ENI, EPD, LWI, KNA así como entrevistas a los diversos invitados con cargos en la vida pública internacional. Una transcripción de este programa se difunde por correo a una amplia red de abonados.

El programa de Mesa Redonda constituye un instrumento esencial para las Iglesias de Eslovaquia en el fortalecimiento de su trabajo. Después de 1996 este programa ha apoyado a un gran número de proyectos presentados por las Iglesias miembros o por el secretariado del COERS. En 2002 han sido subvencionados 113 proyectos por un importe total de 120.000 euros. Los campos escogidos fueron la educación, el servicio social, la misión, el trabajo de los medios y el desarrollo de las estructuras.

Una de las principales cuestiones que será afrontada en el futuro es la transformación y la descentralización del sistema de ayuda social actualmente dependiente y administrada por el Estado. Las Iglesias son cosncientes del alcance histórico de este desafío y están actualmente verificando su potencial para tomar las riendas de ciertas instituciones cuya actividad será puesta bajo la responsabilidad de sus estructuras diaconales.

La obra social de las Iglesias igualmente debe tener en cuenta la capacidad creciente de la economía eslovaca para ofrecer las ayudas humanitarias. Actualmente el COERS se compromete a analizar la situación y a evaluar las condiciones necesarias para la creación de un organismo de asistencia independiente.

Entre las Iglesias de Eslovaquia, un gran número de buenos ejemplos de actividades ecuménicas se realizan desde la base. A título de ejemplo, citamos la Comunidad ecuménica de la ciudad de Kosice, centro industrial y administrativo de la Eslovaquia oriental.

La mayor parte de las Iglesias de Eslovaquia celebran la Semana de oración por la Unidad de los cristianos. En numerosos lugares los cristianos de diversas confesiones de Eslovaquia organizan encuentros de oración ecuménica, particularmente durante el mes de enero. Uno de los acontecimientos más sobresalientes de la Semana consiste en una importante celebración ecuménica en la cual participan los representantes de la vida civil y política. Este oficio de oración se retransmite en directo por la televisión pública eslovaca en la cadena nacional.

Estos últimos años, las Iglesias de Eslovaquia rezan principalmente para que se les conceda la sabiduría y la fuerza necesarias para hacer frente a las transformaciones de la sociedad, así como la unidad cada vez más grande que les permita sacar partido de las nuevas oportunidades que se les ofrece con su entrada en la comunidad de naciones de la Unión Europea. Finalmente, oran para que les sea concedida la gracia de ser un enriquecimientio para esta comunidad y para discernir cúal es el camino a seguir para remontar los efectos sociales negativos de este cambio.

Algunas fechas importantes

Algunas fechas importantes en la historia de la “Oración por la unidad” y de la “Semana de oración”

1740 Escocia (aproximadamente)

Nacimiento en Escocia del movimiento pentecostal con vinculaciones en América del Norte, cuyo mensaje por la renovación de la fe llamaba a la oración por todas las Iglesias y con ellas.

 

1820 James Haldane Stewart

El Rvdo. James Haldane Stewart publica "Consejos para la unión general de los cristianos con vistas a una efusión del Espíritu" (Hins for the outpouring of the Spirit).

 

1840 Ignatius Spencer

El Rvdo. Ignatius Spencer, un convertido al catolicismo, sugiere una "Unión de oración por la unidad".

 

1867 Lambeth

La primera asamblea de obispos anglicanos en Lambeth insiste en la oración por la unidad, en la introducción a sus resoluciones.

 

1894 León XIII

El Papa León XIII anima a la práctica del Octavario de oración por la unidad en el contexto de Pentecostés.

 

1908 Paul Wattson

Celebración del "Octavario por la unidad de la Iglesia" bajo la iniciativa del Rvdo. Paul Wattson.

 

1926 Fe y Constitución

El Movimiento "Fe y Constitución" inicia la publicación de "Sugerencias para un Octavario de oración por la unidad de los cristianos".

 

1935 Paul Couturier

En Francia, el abad Paul Couturier se convierte en el abogado de la "Semana universal para un Octavario de oración por la unidad de los cristianos sobre la base de una oración concebida por la unidad que Cristo quiere, por los medios que El quiera".

 

1958 "Unidad cristiana"

El Centro "Unidad cristiana" de Lyon (Francia) comienza a preparar el tema para la semana de oración en colaboración con la Comisión "Fe y Constitución" del Consejo Ecuménico de las Iglesias.

 

1964 Pablo VI y Atenágoras I

En Jerusalén el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras I recitan juntos la oración de Cristo "que todos sean uno" (Jn 17).

 

1964 El Concilio Vaticano II

El Decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II subraya que la oración es el alma del movimiento ecuménico, y anima a la práctica de la semana de oración.

 

1966 “Fe y Constitución" y el Secretariado para la Unidad

La Comisión "Fe y Constitución" y el Secretariado para la Unidad de los Cristianos (actualmente Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos) de la Iglesia católica deciden preparar un texto para la Semana de oración de cada año.

 

1966 Elaboración conjunta de los textos

Por primera vez, la “Oración por la unidad” se celebra con los textos elaborados en colaboración entre “Fe y Constitución” y el Secretariado para la unidad de los cristianos.

 

1994 Texto preparado en colaboración con YMCA y YWCA.

 

2004 Presentación conjunta de los textos

“Fe y Constitución” (Consejo Ecuménico de las Iglesias) y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (Iglesia Católica) deciden que en lo sucesivo los textos en francés y en inglés de la Semana de oración por la unidad de los cristianos sean publicados conjuntamente y presentados en un mismo formato.

Temas (1968-2005)

Elaborados desde 1968 por la Comisión "Fe y Constitución" del Consejo Ecuménico de las Iglesias y por el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos.

1968 "Para alabanza de su gloria" (Ef 1,14)

 

1969 "Llamados a la libertad" (Gal 5,13)

(Reunión preparatoria en Roma, Italia)

 

1970 "Somos colaboradores de Dios" (1 Cor 3,9)

(Reunión preparatoria en el Monasterio de Niederaltaich, República Federal de Alemania)

 

1971 "... y la comunión del Espíritu Santo" (2 Cor 13,13)

(Reunión preparatoria en Bari, Italia)

 

1972 "Os doy un mandamiento nuevo" (Jn 13,34)

(Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)

 

1973 "Señor, enséñanos a orar" (Lc 11,1)

(Reunión preparatoria en la Abadía de Montserrat, España)

 

1974 "Que todos confiesen: Jesucristo es el Señor" (Flp 2,1-13)

(Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza. En abril de 1974 se dirigió una carta a las Iglesias miembros, así como a otras partes que estuvieran interesadas en crear grupos locales que pudiesen participar en la preparación del folleto de la Semana de Oración. El primero en comprometerse fue el grupo australiano, que en concreto preparó en 1975 el proyecto inicial del folleto de la Semana de Oración)

 

1975 "La voluntad del Padre: constituir a Cristo en cabeza de todas las cosas" (Ef 1,3-0)

(Proyecto de texto elaborado por un grupo australiano. Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)

 

1976 "Ahora somos hijos de Dios" (1 Jn 3,2)

(Proyecto de texto elaborado por la Conferencia de Iglesias del Caribe. Reunión preparatoria en Roma, Italia)

 

1977 "La esperanza no defrauda" (Rom 5,1-5)

(Proyecto de testo elaborado en el Líbano, en plena guerra civil. Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)

 

1978 "Ya no sois extranjeros" (Ef 2,13-22)

(Proyecto de texto elaborado por un grupo ecuménico de Manchester, Inglaterra)

 

1979 "Poneos unos al servicio de los otros para gloria de Dios" (1 Pe 4,7-11)

(Proyecto de texto elaborado en Argentina. Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)

 

1980 "Venga a nosotros tu reino" (Mt 6,10)

(Proyecto de texto elaborado por un grupo ecuménico de Berlín, República Democrática de Alemania. Reunión preparatoria en Milán, Italia)

 

1981 "Un solo Espíritu, distintos carismas, un solo cuerpo" (1 Cor 12, 3b-13)

(Proyecto de texto elaborado por los Padres de Graymoor, USA. Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)

 

1982 "¡Qué amables son tus moradas, Señor!" (Sal 84)

(Proyecto de texto elaborado en Kenia. Reunión preparatoria en Milán, Italia)

 

1983 "Jesucristo, vida del mundo" (1 Jn 1,1-4)

(Proyecto de texto elaborado por un grupo ecuménico de Irlanda. Reunión preparatoria en Celigny-Bossey, Suiza)

 

1984 "Llamados a la unidad por la cruz de nuestro Señor" (1 Cor 2,2 y Col 1,20)

(Reunión preparatoria en Venecia, Italia)

 

1985 "De la muerte a la vida con Cristo" (Ef 2,4-7)

(Proyecto de texto elaborado en Jamaica. Reunión preparatoria en Grandchamp, Suiza)

 

1986 "Seréis mis testigos" (Hch 1,6-8)

(Textos propuestos en Yugoslavia (Eslovenia). Reunión preparatoria en Yugoslavia)

 

1987 "Unidos en Cristo, una nueva creación" (2 Cor 5,17-6,4a)

(Proyecto de texto elaborado en Inglaterra. Reunión preparatoria en Taizé, Francia)

 

1988 "El amor de Dios elimina el temor" (1 Jn 4,18)

(Proyecto de texto elaborado en Italia. Reunión preparatoria en Pinerolo, Italia)

 

1989 "Edificar la comunidad: un solo cuerpo en Cristo" (Rom 12,5-6a)

(Proyecto de texto elaborado en Canadá. Reunión preparatoria en Whaley, Bridge, Inglaterra)

 

1990 "Que todos sean uno, para que el mundo crea" (Jn 17)

(Proyecto de texto elaborado en España. Reunión preparatoria en Madrid, España)

 

1991 "Alabad al Señor todas las naciones" (Sal 117; Rom 15,5-13)

(Proyecto de texto elaborado en Alemania. Reunión preparatoria en Rotenburg an der Fulda, República Federal de Alemania)

 

1992 "Yo estoy con vosotros... por tanto, id" (Mt 28,16-20)

(Proyecto de texto elaborado en Bélgica. Reunión preparatoria en Brujas, Bélgica)

 

1993 "Llevad los frutos del Espíritu para la unidad de los cristianos (Gal 2,22-23)

(Proyecto de texto elaborado en Zaire. Reunión preparatoria cerca de Zurich, Suiza)

 

1994 "La casa de Dios: llamados a tener un solo corazón y una sola alma" (Hch 4,32)

(Proyecto de texto elaborado en Irlanda. Reunión preparatoria en Dublín, Irlanda)

 

1995 "Koinonía: comunión en Dios y entre nosotros" (Jn 15,1-17)

(Reunión preparatoria en Bristol, Inglaterra)

 

1996 "Mira que estoy a la puerta y llamo" (Ap 3,14-22)

(Proyecto de texto elaborado en Portugal. Reunión preparatoria en Lisboa, Portugal)

 

1997 "En nombre de Cristo... dejáos reconciliar con Dios" (2 Cor 5,20)

(Proyecto de texto elaborado en Escandinavia. Reunión preparatoria en Estocolmo, Suecia)

 

1998 "El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad" (Rom 8,14-27)

(Proyecto de texto elaborado en Francia. Reunión preparatoria en París, Francia)

 

1999 "Él habitará con ellos. Ellos serán su pueblo y el mismo Dios estará con ellos" (Ap 21,1-7)

(Proyecto de texto elaborado en Malasia. Reunión preparatoria en el Monasterio de Bose, Italia)

 

2000 "Bendito sea Dios que nos ha bendecido en Cristo" (Ef 1,3-14)

(Proyecto de texto elaborado por el Consejo de Iglesias del Medio Oriente. Reunión preparatoria en el Monasterio de La Verna, Italia)

 

2001 "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,1-6)

(Proyecto de texto elaborado en Rumania. Reunión preparatoria en la "Casa de Odihna", Rumania)

 

2002 "En ti está la fuente de la vida" (Sal 36 [35], 10)

(Proyecto de texto elaborado por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y la Conferencia de Iglesias de Europa (CEC). Reunión preparatoria en el Centro ecuménico de Ottmaring (Augsburgo, República Federal de Alemania)

 

2003 "Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro" (2 Cor 4, 3-18)

(Proyecto de texto elaborado en Argentina. Reunión preparatoria en el Centro ecuménico "Los Rubios" cerca de Málaga (España))

 

2004 “Mi paz os doy” (Jn 14,27)

(Proyecto de texto elaboradoen Alepo, Siria. Reunión preparatoria en Palermo, Sicilia, Italia)

 

2005 “Cristo, fundamento único de la Iglesia” (1 Cor 3, 1-23)

(Proyecto de texto elaborado en Eslovaquia. Reunión preparatoria en Piestany, Eslovaquia)