¿Qué opinan los
luteranos?
Responde el
obispo Hans C. Knuth
Tomado de http://www.zenit.org
«Ha sido un paso
histórico, sin el cual hubiera sido imposible dar otros pasos en el futuro.
Hemos encontrado formulaciones comunes precisamente sobre un punto del que
nació el cisma hace cinco siglos: esta es una grandísima novedad», afirma el
obispo Hans Christian Knuth, de 59 años y desde hace poco líder de la Iglesia
evangélico-luterana alemana, la principal expresión de la Reforma en el país.
Knuth, que es también el máximo
representante del Sínodo General de la Conferencia Episcopal Luterana y de la
sección alemana de la Liga Luterana mundial, es el responsable de las
relaciones con los católicos y por tanto, conoce desde dentro las largas
negociaciones con la Santa Sede para llegar a este paso de acercamiento mutuo.
«Está claro que un
proceso de esta naturaleza --añade en declaraciones al diario «Avvenire»-- no puede darse sin fricciones, sin problemas.
Se parece en cierto modo a la política: cuando se va en serio, todos se ponen
nerviosos. Y verdaderamente, tras la nota vaticana del 25 de junio de 1998, nos
parecía que todo el proceso estuviera en dificultad. Luego, en cambio, de
pronto, se ha producido el cambio sustancial. Yo creo que, en medio del humano
toma y daca, en medio de las nebulosas de la diplomacia, el Espíritu Santo ha
querido dar una señal».
El paso decisivo,
según el líder luterano, se ha dado también por una razón muy sencilla: las dos
iglesias, en este largo proceso, se ha conocido mejor. Han caído viejos
estereotipos. «Ciertamente --explica el obispo Knuth--,
está claro que ha ayudado mucho la mejor percepción del otro tanto en el
aspecto personal como en el teológico. Además, naturalmente, es importante el hecho
de que nos encontramos ante un frente común: la presión de la secularización,
por una parte, y de las nuevas religiones, por otra. Esto nos ha conducido a
concentrarnos en lo que nos une, y no en lo que nos separa».
Hay quien sostiene
sin embargo que este tipo de acuerdos entre expertos en teología y responsables
de las iglesias dejan indiferente a la base. No lo piensa así el jefe de la
Iglesia evangélico-luterana de Alemania. «No. Yo diría más bien, por el
contrario, que todos ahora se preguntan cuáles serán las consecuencias de esta
Declaración».
¿Y cuáles son las
expectativas por parte luterana? «Querríamos --responde el obispo Knuth-- que se acabe con el escándalo de que los cristianos
se tengan que separar justamente cuando llega el momento de acercarse a la Mesa
del Señor. Por nuestra parte, hemos lanzado ya nuestra invitación. Es más,
decimos que no somos nosotros los que invitamos sino el Cristo resucitado. Nos
gustaría que la Iglesia Católica hiciera lo mismo».
Un objetivo deseado
por muchos. Pero, ¿cómo avanzar hacia esta meta deseada? Para el responsable
luterano este sería el modo: «Precisamente porque estaba claro que se trata de
un largo camino, las comisiones teológicas han desarrollado antes el trabajo
necesario de preparación para los siguientes pasos. La Declaración sobre la
justificación es el balance de un largo proceso que luego ha sido confirmado
oficialmente por las respectivas jerarquías; hoy se debería hacer lo mismo con
los otros aspectos, es decir, volver sobre todo lo que ha sido elaborado por
las comisiones para ver si se puede encontrar un consenso. Repito, el trabajo
ya está hecho».
La Declaración
¿sana las heridas del pasado? «En la Declaración --concluye el obispo Knuth-- se afirma claramente que nuestros Sínodos son reconocidos
como órganos de guía eclesial. Para nosotros, sin embargo, es irrenunciable un
paso ulterior: que se diga con claridad que se trata de Iglesia, no de simples
comunidades religiosas».