¿Qué enseñaba el reformador protestante
Juan Calvino sobre el bautismo de niños?
Interesante obra del reformador protestante Juan Calvino en defensa del bautismo de niños, tomada de su obra
“Institución de la Religión Cristiana”.
Nota: No nos identificamos con las
doctrinas protestantes, ni con las doctrinas calvinistas pero es interesante analizar
el siguiente escrito para entender la importancia que le daban (y le dan
actualmente) las Iglesias reformadas al bautismo de niños.
INSTITUCIÓN DE LA RELIGIÓN CRISTIANA
Por Juan Calvino
LIBRO CUARTO
CAPITULO XVI
EL BAUTISMO DE LOS NIÑOS ESTÁ MUY DE ACUERDO CON LA INSTITUCIÓN DE
JESUCRISTO Y LA NATURALEZA DEL SIGNO
1. Bautismo de los
niños se funda en la Palabra de Dios
Mas
como ciertos espíritus amigos de fantasías han promovido grandes discusiones en
la Iglesia en nuestro tiempo a causa de la disposición que tenemos de Dios de
bautizar a los niños, y no cesan de discutir, como si Dios no hubiese ordenado
esto, sino que los hombres lo hubiesen inventado ahora, o a lo sumo algún
tiempo después de los apóstoles, parece que será muy bien confirmar en este
punto la conciencia de los fieles, y refutar las falsas objeciones que tales
embusteros pueden presentar para trastornar la verdad de Dios en el corazón de
la gente sencilla, que no está preparada para responder a tales engaños y
sutilezas.
Ellos
se sirven de un argumento bastante aceptable en apariencia; el tal es que no
desean sino que la Palabra de Dios se guarde y conserve en toda su pureza e
integridad, sin añadir ni quitar cosa alguna, como lo hicieron quienes al
principio inventaron el Bautismo de los niños, sin que existiera mandato alguno
sobre ello. Les concederíamos que esta razón es suficiente, si pudiesen probar
su propósito de que tal Bautismo es invención de los hombres, y no disposición
de Dios. Mas cuando, por el contrario, hayamos claramente demostrado que son
ellos quienes falsa y erróneamente inventan esta calumnia, llamando tradición
humana a esta institución perfectamente fundada sobre la Palabra de Dios, ¿qué
otra cosa quedará, sino que este pretexto, que en vano inventan, se deshaga y
convierta en humo? Por tanto, veamos cuándo se comenzó a bautizar a los niños.
Porque si esto fue invención humana, confieso que es preciso dejarlo y seguir
la verdadera regla que el Señor ha ordenado; porque los sacramentos estarían
pendientes de un hilo si no se fundasen en la pura Palabra de Dios. Mas si
vemos que los niños son bautizados por la autoridad de Dios, guardémonos muy
bien de hacerle una injuria reprobando su disposición.![]()
2. Las promesas del
Bautismo convienen a los niños
En
primer lugar, es doctrina en que todos los fieles están de acuerdo,
que la debida consideración de los signos
o sacramentos que el Señor ha dejado e instituido en su Iglesia, no consiste
solamente en lo exterior ni en las ceremonias visibles, sino que principalmente
depende de las promesas y misterios espirituales que el Señor ha querido representar
con tales ceremonias. Por lo mismo, el que quisiere saber el valor del Bautismo
y a qué fin está destinado, no debe pararse meramente en a agua y en las
ceremonias exteriores; sino que ha de levantar su consideración a las promesas
de Dios, que se nos hacen en el Bautismo, y a las realidades internas y
espirituales que en él se nos representan. Si llegamos a esto, tenemos
verdaderamente la sustancia y verdad del Bautismo; y por aquí llegaremos a
comprender para qué fin ha sido ordenada la aspersión del agua, que se hace en
el Bautismo, y de qué nos sirve. Por el contrario, si no tenemos esto presente,
y nuestro entendimiento se detiene exclusiva y únicamente en lo que
exteriormente se ejecuta, jamás llegaremos a comprender su virtud, ni cuán
importante cosa es el Bautismo, ni qué significa el agua, ni cuál es su uso. No
trataremos ampliamente de esto, puesto que es una cosa tan clara y tan común en
la Escritura, que ningún cristiano puede dudar de ella e ignorarla. Así pues,
queda que investiguemos las promesas hechas en el Bautismo; cuáles son la
sustancia y naturaleza propias del mismo.
.
La
Escritura nos enseña que la remisión y purificación de los pecados, que
alcanzamos por la efusión de la sangre de Cristo, nos es representada en el
Bautismo en primer lugar; y luego, la mortificación de nuestra carne, que
conseguimos comunicando con su muerte, para resucitar a una vida nueva; es
decir, en inocencia, santidad y pureza. Con esto comprendemos en primer lugar
que la señal visible y material no es sino una representación de cosas más
altas y excelsas, para cuyo conocimiento es necesario que recurramos a la
Palabra de Dios, en la cual se funda toda la virtud del signo. Mediante ella
vemos que las cosas significadas y representadas son la purificación de
nuestros pecados y la mortificación de nuestra carne, para ser hechos
partícipes de la regeneración espiritual que debe existir en todos los hijos de
Dios. Además nos muestra que todas estas cosas son efectuadas en Cristo, que es
el fundamento.
He
aquí, pues, en resumen, la declaración del Bautismo, a la que se puede referir
todo cuanto se dice en la Escritura, excepto un punto que aún no se ha tocado;
a saber, que nos sirve también como de señal y marca por la cual confesamos
ante los hombres a Dios como Señor nuestro, y somos inscritos y empadronados en
el número de su pueblo.
3. Circuncisión y
bautismo. Promesas, figuras y fundamento son los mismos
Como
el pueblo de Dios antes de ser instituido el Bautismo usaba la circuncisión en
su lugar, es preciso ver aquí la diferencia y conveniencia que existe entre
estos dos signos, para ver lo que de uno se puede aplicar al otro.
Cuando
el Señor ordena la circuncisión a Abraham, se sirve de estas palabras: que
quiere ser su Dios y el Dios de su descendencia (Gn.
17,7-10), declarándose Todopoderoso, y mostrando que en Él se da la abundancia y
plenitud de todos los bienes, para que Abraham comprenda que todos sus bienes
proceden de Él. En estas palabras se contiene la promesa de la vida eterna,
como lo declara Jesucristo al argumentar en cuanto a esto que su Padre se llama
Dios de Abraham, para convencer a los saduceos de la inmortalidad y
resurrección de los fieles. "Porque", dice Cristo, "no es Dios
de muertos, sino de vivos" (Lc.20,38). Y por ello san Pablo, hablando con los efesios; y
mostrándoles de qué ruina los ha sacado Dios, concluye que no tenían la
circuncisión; que estaban sin Cristo, extraños a las promesas; sin Dios y sin
esperanza (Ef. 2,12); todo lo cual el pacto de la circuncisión comprendía en
sí. El primer paso para acercarnos a Dios y entrar en la vida eterna es la
remisión de los pecados. De donde se sigue que esta promesa corresponde a la
del Bautismo en cuanto a la purificación y a la ablución.
Después el Señor manda a Abraham que camine, delante de Él en integridad e
inocencia de corazón; lo cual no es otra cosa sino la mortificación para
resucitar a una vida nueva. Y Moisés, para quitar toda duda de si la
circuncisión es o no señal y figura de la mortificación, lo expone mucho más
por extenso en otros lugares, cuando exhorta al pueblo de Israel a circuncidar
su corazón al Señor, puesto que él era el pueblo que Dios había escogido entre
todas las naciones de la tierra (Dt.10, 16; 30,6).
Igual que Dios, cuando adopta a la posteridad de Abraham por su descendencia,
le manda que se circuncide, así también Moisés declara que se debe circuncidar
en el corazón; como queriendo mostrar cuál es la verdad de la circuncisión
carnal. Asimismo, para que nadie pensase que podía conseguir tal mortificación
por sus propias fuerzas y virtud, enseña Moisés que esta mortificación es obra
de la gracia de Dios.
Todas
estas cosas se repiten tanto en los profetas, que no hay para qué perder tiempo
en probadas.![]()
Concluimos, pues, de esto, que los padres tuvieron en la circuncisión la misma
promesa espiritual que nosotros poseemos ahora en el Bautismo; y que
significaba la remisión de los pecados, y la mortificación de la carne para
vivir en justicia. Además, según lo hemos enseñado, Cristo es fundamento del
Bautismo, en el que ambas cosas residen; e igualmente lo es de la circuncisión.
Porque Él es el que fue prometido a Abraham, y en Él, la bendición de todas las
gentes (Gn.12,2); como si el
Señor dijera que toda la tierra, en sí maldita, recibiría la bendición por Él;
en confirmación de lo cual se les da la circuncisión como un sello.
4. Ahora resulta
fácil ver la conveniencia y la diferencia que existe entre el signo de la
circuncisión y el del Bautismo.
La
promesa, en la cual hemos dicho que consiste la virtud de los signos, es la
misma en ambos; es decir, de la misericordia de Dios, de la remisión de los
pecados, y de la vida eterna.
Además, la cosa significada es siempre la misma: nuestra purificación
y mortificación.
El
fundamento en que se apoya el cumplimiento de estas cosas es también el mismo
en ambos.
Por consiguiente,
se sigue que no hay diferencia alguna entre el bautismo y la circuncisión en
cuanto al misterio interno, en lo cual consiste toda la sustancia de los
sacramentos, según hemos demostrado. La única diferencia se refiere a las
ceremonias externas, que es lo menos importante en los sacramentos, puesto que
la consideración principal depende de la Palabra y de la cosa significada y
representada.
Podemos, pues, concluir que todo cuanto pertenece a la circuncisión pertenece
también al Bautismo, excepto la ceremonia externa y visible.
A esta deducción
nos encamina la regla que establece san Pablo, de que toda la Escritura se debe
medir y pesar conforme a la analogía y proporción de la fe (Rom.12,
3.6), la cual siempre tiene presentes las promesas. Y, de hecho, la verdad en
este punto se puede tocar con las manos. Porque igual que la circuncisión fue
un signo y marca para los judíos con que reconocer que Dios los recibía por
pueblo suyo y que ellos le tenían por su Dios, sirviéndoles de esta manera como
de una primera entrada externa en la Iglesia de Dios, del mismo modo por el
Bautismo somos primeramente recibidos en la Iglesia del Señor, para ser tenidos
por pueblo suyo, y, por nuestra parte, manifestamos que queremos tenerle por
nuestro Dios. Por lo cual se ve claramente que el Bautismo ha sucedido a la
circuncisión.
5. Como la
circuncisión, el Bautismo pertenece a los niños
Y si
alguno pregunta ahora si el Bautismo debe ser comunicado a los niños, como si
les perteneciera por disposición de Dios, ¿quién será tan desatinado y loco,
que para resolverlo se pare a considerar solamente el agua visible, y no tenga
presente el misterio espiritual? Porque si lo tenemos presente, no podrá haber
duda alguna de que el bautismo se administra con toda razón a los niños. Al
ordenar el Señor antiguamente la circuncisión para los niños, demostró
claramente que los hacía partícipes de todo cuanto en ella les representaba.
Pues de otra manera habría de decirse que tal institución no había sido más que
mentira, falsedad y engaño; sólo pensar lo cual es un horrible pecado. El Señor
dice expresamente que la circuncisión que se administra al niño le servirá de
confirmación del pacto que hemos expuesto. Si, pues, el pacto permanece siempre
el mismo, es del todo cierto que los hijos de los cristianos no son menos
partícipes de él, que lo fueron los de los judíos en el Antiguo Testamento. Y
si participan de la realidad significada, ¿por qué no les ha de ser comunicado
también el signo? Si poseen la verdad, ¿por qué alejar la figura?; pues la
señal externa en el sacramento va de tal manera unida a la Palabra, que no se
puede separar de ella.
Si se
trata de establecer diferencia: entre el signo visible y la Palabra, ¿cuál de
estas dos cosas ha de ser tenida en mayor estima? Evidentemente, dado que el
signo sirve a la Palabra, bien claro se ve que es inferior a ella; y puesto que
la Palabra del Bautismo conviene a los niños, ¿por qué quitarles el signo, que
depende de la Palabra? Si no hubiese más razón que ésta, sería suficiente para
cerrar la boca a todos los que defienden una opinión contraria.
La
objeción de que había un día señalado para la circuncisión (Gn.
17,12; 21,4), no viene a propósito. Es verdad que el Señor no nos ha obligado a
ciertos días, como lo hizo con los judíos; pero dejándonos en libertad en
cuanto a esto, nos ha -declarado, sin embargo, que los niños deben ser
solemnemente recibidos en su pacto. ¿Queremos algo más que esto?
6. El pacto de
gracia es también el fundamento del Bautismo
Sin
embargo, la Escritura nos lleva aún a un mayor Conocimiento de la verdad.
Porque es del todo cierto que el pacto ,que el Señor
en otro tiempo hizo con Abraham, diciendo que sería su Dios y el de su descendencia,
no se aplica menos en el día de hoy a los cristianos, que antiguamente al
pueblo de Israel; y estas palabras no se dirigen, menos a íos
cristianos, que en otro tiempo a los patriarcas del Antiguo Testamento. Pues de
otra manera se seguiría que la venida de Jesucristo ha aminorado la gracia y
misericordia del Padre, siendo una horrible blasfemia decirlo o pensarlo.
Así como los
hijos de los judíos fueron llamados linaje santo, por ser herederos de este
pacto, y se les separaba de los hijos de los infieles y de los idólatras; así
del mismo modo los hijos de los cristianos son llamados santos, aunque no sean
engendrados más que de padre o de madre fiel, y son diferenciados de los otros
por el testimonio de la Escritura (1 Cor. 7,14);
Ahora bien, el Señor, después de haber establecido este pacto con Abraham,
quiso que fuera sellado en los niños con el sacramento visible y externo (Gn.17, 12).¿Qué excusa, pues, podemos alegar nosotros para
no atestiguarlo y sellarlo actualmente lo mismo que lo era entonces? Y no
pueden replicar que el Señor no ha instituido ningún otro sacramento para
testificar este pacto, sino el de la circuncisión, que ya está abolido. A esto
puede responder muy fácilmente que el Señor instituyó la circuncisión en aquel
tiempo para confirmar su pacto, y que al ser abolida la circuncisión, sin
embargo permanece siempre,en
pie la razón de confirmar el pacto; pues nos conviene tanto a nosotros como a
los judíos.
Así
pues, debemos considerar siempre diligentemente aquello en que convenimos con
ellos, y en lo que nos. diferenciamos. Convenimos en el pacto y en el motivo de
confirmarlo; nos diferenciamos solamente en la manera. Ellos tienen la
circuncisión para confirmación; nosotros tenemos en su lugar el Bautismo.
Porque de otra manera, la venida de Cristo habría sido causa de queda
misericordia de Dios no, se hubiera manifestado a nosotros tanto como a los
judíos, si el testimonio que ellos tenían para sus hijos se' nos hubiera
quitado. a nosotros. Si esto no se puede decir sin
grave ofensa de Cristo, por quien la infinita bondad del Padre nos ha sido más
amplia y abundantemente comunicada y manifestada que nunca, es necesario
conceder que esta gracia divina no se debe ocultar más que estaba bajo la Ley,
ni debe ser para nosotros menos cierta que era para ellos.
7. Cristo recibe y
bendice a los niños![]()
Y por
eso Jesucristo, para demostrar que había venido más bien para aumentar y multiplicadas
gracias del Padre que para disminuirlas, recibe amablemente y abraza a los niños , que le presentaban, reprendiendo a sus apóstoles,
que intentaban impedirlo, y procuraban apartar a aquellos a quienes pertenecía
el reino de los cielos de Él, que es el camino (Mt.19,13-14).
Respuesta a tres
objeciones. Pero, quizá diga alguno, ¿qué relación
hay entre que Cristo abrazara a los niños y el Bautismo? Porque no se dice que
Él los haya bautizado, sino sólo que los ha recibido, abrazado y orado por ellos..Por tanto, si queremos seguir este ejemplo del Señor, será
necesario orar por los niños, pero no bautizarlos, pues Él no lo hizo.
Consideremos
mejor nosotros lo que Jesucristo hizo; pues no debemos dejar, pasar a la ligera
y sin más consideración el mandato del Señor de que le presenten los niños; y
la razón que luego añade: porque de ellos es el reino de los cielos. Y además,
luego muestra de hecho su voluntad, abrazándolos y orando por ellos al Padre.
Si es razonable llevar los niños a Cristo, ¿por qué no lo será también
admitirlos al Bautismo, que es la señal exterior mediante la cual Jesucristo
nos declara la comunión y sociedad que con Él tenemos? Si el reino de los
cielos les pertenece, ¿cómo negarles la señal por la que se nos abre como una entrada
en la Iglesia, para que ingresando en ella seamos declarados herederos del
reino de Dios? ¿No seríamos muy perversos, si arrojásemos fuera a quienes el
Señor llama a sí? ¿Si les quitásemos lo que Él les da? ¿Si cerrásemos la puerta
a quienes Él la abre? Y si se trata de separar del Bautismo lo que Jesucristo
ha hecho, ¿qué es más importante, que Cristo los haya recibido, haya' puesto
las manos sobre ellos en señal de santificación, haya orado por ellos,
demostrando así que son suyos; o que nosotros testifiquemos con el Bautismo que
pertenecen a su pacto?
Las
sutilezas que aducen para escabullirse de este texto de la Escritura son del
todo frívolas. Querer probar que estos niños eran ya mayores, en virtud de que
Cristo dice: dejadlos que vengan a mí, evidentemente repugna a lo que dice el
evangelista, que los llama niños de pecho; pues eso significan las palabras que
emplea. Y, por tanto, la palabra venir, simplemente significa aquí acercar.! He aquí cómo los que se endurecen contra la verdad
buscan en cada palabra ocasión de tergiversar las cosas.
No es
más sólida la objeción de que Cristo no dice: el reino de los cielos pertenece
a los niños; sino: el reino de los cielos pertenece a los que son semejantes
a-los niños. Porque si esto fuera así, ¿qué fuerza tendría la razón de Cristo,
que los niños deben acercarse a Él? Cuando dice: dejad que los niños vengan a
mí, no hay duda que entiende los niños en edad. Y para mostrar que es razonable
que así sea, añade: porque de los tales es el reino de los cielos. Si es
necesario comprender a los niños, se ve claramente que el término tales quiere
decir: a los niños y a los que son semejantes a ellos pertenece el reino de los
cielos.
8. Otra objeción:
los apóstoles no bautizaron a los niños
Es,
pues, evidente que el bautismo de los niños no ha sido inventado temerariamente
por los hombres, pues se confirma de modo irrefutable por la Escritura.
Tampoco tiene valor alguno la objeción que algunos hacen: que no se puede
demostrar con ningún texto de la Escritura que los apóstoles bautizaran un solo
niño. Porque, aun admitiendo que no existe texto alguno que lo diga
expresamente, no por eso podemos decir que no hayan sido bautizados, ya que
jamás se excluye a los niños cuando se hace mención de que alguna familia
recibió el Bautismo (Hch.16, 15.33). Pues si esta
razón fuese válida, podríamos concluir también de ella que las mujeres no deben
ser admitidas a la Cena del Señor, puesto que no hay un texto en la Escritura
que diga que ellas comulgaron en tiempo de los apóstoles. Mas en esto seguimos,
como se debe hacer, la regla de la fe, considerando únicamente si la
institución de la Cena les conviene a ellas; y, si conforme a la intención del
Señor, se les debe administrar. Así también lo hacemos en el Bautismo. Porque
cuando consideramos el fin para el cual fue instituido el Bautismo, vemos que
no menos conviene a los niños que a los adultos. Y por ello no se les puede
privar del mismo, sin defraudar la intención del que instituyó el Bautismo.
Por lo
que hace a los que esparcen entre el vulgo la opinión de que durante muchos
años después de la resurrección de Cristo no se supo lo que era bautizar a los
niños, ciertamente en esto mienten, porque no hay escritor, por más antiguo que
sea, que no declare que este Bautismo se usaba ya en tiempo de los apóstoles.
9. Uso y frutos del
Bautismo de los niños
Queda
ahora demostrar qué provecho sacan los fieles de la costumbre de bautizar a sus
hijos, y el que reciben los niños al ser bautizados: así nadie lo menospreciará
como cosa inútil y vana. Y si alguno pretende burlarse del Bautismo con este
pretexto, por la misma razón se burla del mandato de la circuncisión. Porque;
¿qué pueden decir contra el Bautismo, que no se pueda también aplicar a la
circuncisión? De esta manera castiga Dios la arrogancia de los que condenan en
seguida todo lo que no pueden comprender con su sentido carnal.
Pero
Dios nos ha equipado con armas mejores para reprimir su loca necedad. Porque
esta santa institución por la que sentimos que nuestra fe es ayudada con un
grande consuelo, no puede ser tenida por superflua. Porque la señal que Dios
comunica a los niños, confirma, como si fuese ratificada con un sello, la
promesa que el Señor ha hecho a los suyos, que Él será su Dios y el de su descendencia
por mil generaciones. En lo cual primeramente brilla la bondad de Dios para
glorificar y ensalzar su nombre; y, en segundo lugar, para consolar al hombre
fiel y darle mayor ánimo para entregarse totalmente a Dios, al ver que no
solamente se preocupa de él, sino también de sus. hijos
y su posteridad. Y no se puede decir que la promesa bastaría para asegurar la
salvación de nuestros niños. Porque otro ha sido el pensamiento de Dios, que
conociendo la flaqueza de nuestra fe, la ha querido fortalecer. Por tanto,
todos los que con plena confianza descansan en la promesa de que Dios quiere
hacer misericordia a su descendencia, deben presentar a sus criaturas para
recibir el signo de la misericordia; y con ello consolarse y corroborar su fe,
al ver con sus mismos ojos la alianza del Señor sellada en el cuerpo de sus
hijos.
El
provecho que los niños reciben es que la Iglesia, reconociéndolos como miembros
suyos, los tiene en mayor estima; y ellos; al ser mayores tienen ocasión de
inclinarse más al servicio de Dios, que se les ha manifestado como Padre antes
de que tuviesen entendimiento para comprenderlo, recibiéndolos en el número de
los suyos desde el seno mismo de su madre.
Finalmente, debemos siempre temer que, si menospreciamos marcar a
nuestros hijos con la señal del pacto, el Señor nos castigue por ello (Gn.17,14); porque al hacerlo así
renunciamos al beneficio y a la merced que nos ofrece.
10. Argumentos de
los anabaptistas![]()
1°. La
circuncisión no es comparable al Bautismo. Pasemos ahora a las razones y
argumentos con que el espíritu maligno procura engañar a muchos con el pretexto
de que quieren fundamentarse en la Palabra de Dios; y consideremos la fuerza
que tienen las sutilezas de Satanás, con las que pretende invalidar esta
disposición del Señor, que siempre fue mantenida en la Iglesia como se debía.
Los
que, impulsados por el diablo, se oponen en esta materia a la Palabra de Dios,
al verse cogidos y convencidos con la semejanza que hemos expuesto entre la
circuncisión y el Bautismo, se esfuerzan en probar que existe una gran
diferencia entre estos dos signos, de tal modo que apenas convengan nada entre
sí. Dicen primeramente que la cosa significada no es la misma; en segundo
lugar, que el pacto es diferente; y, en fin, que el término de niños ha de
entenderse dé diversa manera.
Para
probar lo primero alegan que la circuncisión fue figura de la mortificación, y
no del Bautismo; lo cual nosotros les concedemos de buen grado, pues redunda en
nuestro favor. En efecto, para probar nuestra tesis no empleamos otras palabras
sino éstas: la circuncisión y el Bautismo representan igualmente la
mortificación. De lo cual concluimos que el Bautismo ha sucedido a la circuncisión,
puesto que el Bautismo significa para los cristianos lo mismo que la
circuncisión significaba para los judíos.
En
cuanto a lo segundo que alegan, muestran con ello cuán trastornado tienen su
entendimiento, corrompiendo y destruyendo la Escritura con gran temeridad; y
esto no en un solo lugar, sino en general. Porque ellos nos presentan a los
judíos como un pueblo carnal y embrutecido; más semejante a las bestias que a
los hombres; con el cual Dios no ha establecido más que un pacto en orden a
esta vida temporal, ni les ha hecho más promesa que la de los bienes presentes
y corruptibles. De ser esto así, ¿qué quedaría sino considerar al pueblo judío
como una piara de puercos, que el Señor ha querido engordar en la pocilga, para
dejarlos después perecer para siempre? Porque siempre que les citamos la
circuncisión y las promesas que les fueron hechas, en seguida responden que la
circuncisión fue señal literal, y sus promesas, carnales.
11. 2°. La
circuncisión no ha sido más que un signo literal y carnal
Ciertamente, si la circuncisión fue un signo literal, también lo es el
Bautismo, puesto que san Pablo no considera más espiritual al uno que al otro,
al decir que fuimos circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de
nosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo (Col. 2,
11). y después, para aclarar esto, añade que por el
Bautismo somos sepultados juntamente con Cristo. ¿Qué quieren decir estas
palabras, sino que el cumplimiento y la verdad del Bautismo es también el
cumplimiento y la verdad de la circuncisión, por cuanto figuran
la misma cosa? Pues él pretende demostrar que el Bautismo es lo mismo para los
cristianos, que la circuncisión era para los judíos.
Mas
como ya he demostrado bien claramente que las promesas de ambos signos, y los
misterios que en ellos se representan, convienen entre sí, no me detendré más
en ello al presente. Solamente quiero advertir a los fieles que consideren por
sí mismos si se debe tener por terreno y literal un signo que no contiene cosa
alguna que no sea espiritual y celestial. Mas como ellos alegan ciertos pasajes
de la Escritura para probar su mentira, y así engañar a los ignorantes,
contestaremos brevemente a las objeciones que a este propósito pueden hacer.
Es
cosa muy cierta que las principales promesas que el Señor ha hecho a su pueblo
en el Antiguo Testamento, y en las cuales se contenía el pacto que con él
estableció, eran espirituales y se referían a la vida eterna. De acuerdo con
ello, los patriarcas las entendieron espiritualmente para concebir la esperanza
de la gloria venidera, y sentirse arrebatados de afecto a ella. Sin embargo, no
negamos que les ha manifestado su benevolencia con otras promesas carnales y
terrenas; y ello para confirmar las promesas espirituales; como vemos que Dios,
después de haber prometido a Abraham la bienaventuranza inmortal, añade la
promesa de la tierra de Canaan, para declararle su
gracia y favor hacia él (Gn.15, 1-18). De esta manera
se deben entender todas las promesas terrenas que hizo al pueblo judío,
haciendo preceder la promesa espiritual como fundamento y principio, a la cual
se ha de referir todo lo demás. Esto lo trato aquí sucintamente, porque ya lo
he expuesto por extenso en el tratado acerca del Antiguo y del Nuevo
Testamento.
12. 3°. Los hijos
de Abraham fueron su descendencia carnal
La
diferencia que establecen entre los niños del Antiguo y los del Nuevo
Testamento es que los hijos de Abraham eran entonces su descendencia según la
carne; pero que ahora se llaman hijos de Abraham a quienes le
imitan en la fe. Por esto aquella infancia según la carne, que por la
circuncisión ingresaba en el pacto, figuraba a los hijos espirituales del Nuevo
Testamento, que por la Palabra de Dios son regenerados para gozar de la
inmortalidad. En esto .hay Ciertamente algún destello de verdad; pero yerran
sobremanera estos espíritus ligeros, cuando inconsideradamente toman lo primero
que les viene a mano, en vez de pasar adelante cotejando unas con otras todas
las cosas, y no aferrándose pertinazmente a una sola palabra. Por eso no pueden
por menos que andar siempre a tientas; y la causa es que nada tiene fundamento
sólido.
Admitimos que la descendencia carnal de Abraham ocupó por algún tiempo el lugar
de los hijos espirituales, que por la fe son incorporados a él. Porque nosotros
somos llamados sus hijos, aunque según la carne no tengamos parentesco alguno
con él. Pero si ellos entienden, como sus palabras indican, que la bendición
espiritual no fue nunca prometida a la descendencia carnal de Abraham, se
engañan grandemente. Por tanto, es mejor que apunten en otra dirección; a
saber, aquella hacia la cual la Escritura misma nos encamina. Pues el Señor
promete a Abraham que en su descendencia todas las gentes de la tierra habrán
de ser benditas; ya la vez, que Él será su Dios y el de su posteridad. Todos
los que reciben a Cristo, autor de esta bendición, son herederos de esta
promesa; y por eso se llaman hijos de Abraham.
13. Y aunque
después de la resurrección-de Jesucristo, el reino de Dios ha dilatado sus
fronteras para que todos los pueblos y naciones tengan indiferentemente entrada
en él, a fin de que, como Él mismo dice, los fieles sean reunidos de todas las
partes del mundo y se sienten en la gloria celestial en compañía de Abraham;
Isaac y Jacob (Mt.8, 11); sin embargo, todo el tiempo
que precedió a la misma nuestro Señor tuvo esta gracia como encerrada entre el
pueblo judío, y a él llamaba su reino, su pueblo peculiar, y su heredad (Ex.
19, 5). Ahora bien, el Señor, para hacer pública esta merced, les dio la
circuncisión, que les servía de señal por la que Él declaraba que era su Dios,
recibiéndolos bajo su amparo y protección, para guiarlos a la vida eterna.
Porque cuando Dios nos toma bajo su protección, ¿qué nos puede faltar?
Testimonio
de san Pablo. Por esta causa, san Pablo, queriendo demostrar que los
gentiles son hijos de Abraham exactamente igual que los judíos, dice así:
Abraham fue justificado por la fe, antes de ser circuncidado; después recibió
la circuncisión como signo. de la justicia, para que
fuese padre de todos los creyentes, incircuncisos y circuncidados; no de
aquellos que se glorían de la sola circuncisión, sino de los que siguen la fe
que nuestro padre Abraham tuvo en la in circuncisión (Rom.
4,10-12). Vemos cómo equipara los unos a los otros en dignidad. Porque Abraham
fue todo el tiempo que Dios dispuso, padre de los fieles circuncidados; pero
cuando la pared se derrumbó, como dice el Apóstol, para abrir la puerta a los
que estaban fuera y que entrasen en el reino de Dios (Ef.2, 14), fue hecho
padre de ellos, aunque no estuviesen circuncidados, porque el Bautismo les
servía de circuncisión. Y lo que el Apóstol niega expresamente: que Abraham no
haya sido padre más que de los que no tenían otra cosa sino la circuncisión, lo
dijo ex professo para abatir la vana confianza de
algunos judíos, que sin hacer caso alguno de la piedad, se preocupaban mucho de
las meras ceremonias. Y lo mismo se podría decir del Bautismo, para refutar el
error de aquellos que no buscan otra cosa en él sino el agua solamente.
14. Pero, ¿qué es
lo que el Apóstol quiere decir en otro lugar, cuando enseña que los verdaderos
hijos de Abraham no son quienes lo son según la carne, sino según la promesa (Rom.9, 7-8)? Ciertamente de aquí quiere concluir que el
parentesco según- la carne no sirve de nada. Pero es preciso que consideremos
atentamente lo que el Apóstol trata en este lugar. Queriendo demostrar a los
judíos que la gracia de Dios no está ligada a la descendencia de Abraham según
la carne, y que este parentesco en sí mismo no merece estima alguna, en
confirmación de esto aduce, en el capítulo nono; el
ejemplo de Ismael y Esaú, los cuales, si bien eran
descendientes de Abraham según la carne, sin embargo fueron desechados como
extraños, recayendo la bendición sobre Isaac y Jacob; de lo cual se sigue, como
él mismo concluye, que la salvación depende de la misericordia de Dios, que Él
otorga a quien le place; y que, por tanto, los judíos no tienen de qué vanagloriarse
de pertenecer a la Iglesia de Dios, si no guardan la condición del pacto; a
saber, si no obedecen a su Palabra. Sin embargo, después de haber abatido la
vana confianza de los judíos, sabiendo por otra parte que el pacto establecido
por Dios con Abraham y su descendencia no era vano, sino que conservaba su
valor y estimación, en el capítulo once declara que no se debe menospreciar
a" esta descendencia de Abraham según la carne, y que los judíos son los
verdaderos y primeros herederos del Evangelio, a no ser que, por su ingratitud,
se hagan indignos y queden desheredados; pero de tal manera que la gracia
celestial nunca se ha apartado por completo de esta nación. Por eso el Apóstol,
aunque contumaces y rebeldes, les llama santos. Tan
grande es la honra que les atribuye a causa del origen santo de que proceden.
En cuanto a nosotros, dice, si nos comparamos con ellos, no somos más que hijos
abortivo s de Abraham; y aun esto por adopción, y no por naturaleza; como si un
renuevo fuese injertado en'"otro árbol. Y por eso, para que no perdiesen
su privilegio, fue necesario que primeramente a ellos antes que a ninguna otra
nación se les anunciase el Evangelio. Porque ellos son los primogénitos en la
casa de Dios. Por eso hubo que darles esta honra, hasta que ellos mismos la
desecharon y con su ingratitud hicieron que se ofreciese a los gentiles. Y por
más rebeldes que se muestren al Evangelio, no debemos menospreciados, esperando
que la bondad de Dios aún está sobre ellos a causa de la promesa. Porque san Pablo
declara que nunca se apartará de ellos, al decir que los dones y la vocación de
Dios son sin arrepentimiento ni m4tación (Rom. l},
29).
15. Conclusión. -
Los judíos y los cristianos participan del beneficio del mismo pacto
He
aquí, pues, de cuánta importancia es la promesa hecha a la posteridad de
Abraham. Por eso, aunque la 'sola elección domine en cuanto a esto para
diferenciar a los herederos del reino de los cielos de quienes no lo son, sin
embargo ha querido Dios poner los ojos particularmente en la raza de Abraham, y
testimoniar esta su misericordia, y sellada con la circuncisión. Y lo mismo
vale para los cristianos. Porque así como san Pablo afirma en cierto lugar que
los judíos son santificados por ser de la raza de Abraham, así también en otro
pasaje declara que los hijos de los cristianos son ahora santificados por sus
padres (1 Cor. 7,14); y, por tanto, deben ser
diferenciados de los otros, que permanecen todavía en su impureza. De ahí se
puede fácilmente juzgar que es completamente falso lo que éstos pretenden
concluir; a saber, que los niños que antiguamente se circuncidaban figuraban
solamente la infancia espiritual, que procede de la regeneración de la Palabra
de Dios: Porque el Apóstol no argumenta tan sutilmente cuando escribe que
"Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión... para confirmar las
promesas hechas a los padres" (Rom. 15,8). Como
si dijera: Puesto que el pacto hecho con Abraham pertenece también a su
descendencia, Jesucristo, a fin de cumplir la verdad de su Padre, ha venido
para llamar a esta nación a la salvación. He aquí cómo san Pablo entiende Que
la promesa se debe cumplir siempre al pie de la letra, como suenan las
palabras, en la descendencia según la carne, aun después de la resurrección de
Cristo. Y lo mismo dice san Pedro en el capítulo segundo de los Hechos: anuncia
a los judíos que la promesa les pertenece a ellos y a sus descendientes. Y en
el capítulo tercero les llama hijos del pacto (Hch.3,25), que quiere decir herederos (en virtud siempre de la
promesa). Y así lo confirma san Pablo, según lo hemos citado; pues él pone la
circuncisión de los niños como testimonio de la comunión espiritual que tienen
con Cristo (Ef.2,11-l2). Si las cosas fuesen como
éstos dicen, ¿qué responderían a la promesa que el Señor hace a sus fieles en
la Ley, de mostrar su misericordia a sus descendientes por mil generaciones? Si
recurren a la alegoría, la respuesta es vana. ¿O dirán quizás que la promesa ya
está abolida? Esto sería destruir la Ley de Dios, que más bien ha sido confirmada
por Cristo, en cuanto sirve para nuestro bien y salvación.
Permanezcamos,
pues, firmes en que el Señor es tan bueno y munífico con los suyos, que no
solamente los tiene a ellos por pueblo suyo, sino también a sus descendientes
por causa de ellos.
16. 4°. Otros
argumentos para diferenciar la circuncisión del Bautismo
Las
otras diferencias que se esfuerzan por establecer entre la circuncisión y el
Bautismo son vanas y ridículas, y se contradicen unas a otras. Porque después
de afirmar que el Bautismo pertenece al primer día de la batalla cristiana, que
es espiritual; y la circuncisión, al octavo, después que la mortificación de la
carne ha sido del todo realizada, prosiguen diciendo que la circuncisión figura
la mortificación del pecado, y el Bautismo la sepultura, después de que hemos
muerto en él.
Ciertamente un loco no se contradiría de modo tan flagrante. Porque de lo
primero que afirman se seguiría que el Bautismo debería preceder en el tiempo a
la circuncisión; y de lo segundo, lo contrario, a saber, que debería serie
posterior.
No
hemos de extrañarnos de tales contradicciones; porque el espíritu del hombre,
cuando se da a inventar fábulas e imaginaciones semejantes a los sueños,
necesariamente ha de caer en tales desvaríos.
Si querían
ver una alegoría en el octavo día, debían haber procedido de otra manera. Mucho
mejor hubiera sido exponer, como lo hicieron los antiguos, que esto era para
mostrar que la renovación de vida depende de la resurrección de Cristo, la cual
tuvo lugar al octavo día; o bien, que es preciso que esta circuncisión del
corazón sea perpetua y mientras dure la vida.! Aunque
hayal parecer alguna razón para creer que el Señor, al diferir la circuncisión
hasta el octavo día, haya tenido en cuenta la tierna edad de los niños; porque
la herida en los recién nacidos sería más peligrosa, y queriendo su Majestad
que su pacto fuera impreso en sus cuerpos, es verosímil que haya fijado este
término, a fin de que estuviesen lo suficientemente fuertes como para que su
vida no peligrase.
La
segunda diferencia que establecen no tiene más solidez; pues es una burla decir
que por el Bautismo somos sepultados después de la mortificación; porque más
bien somos enterrados para ser mortificados, como lo enseña la Escritura (Rom. 6,4).
Finalmente alegan que si nosotros tomamos la circuncisión por fundamento del
Bautismo, no deberíamos bautizar a las niñas, puesto que solamente los niños se
circuncidaban. Pero si consideran debidamente el significado de la
circuncisión, no podrán decir esto. Porque siendo así que el Señor con este
signo demostraba la santificación de la posteridad de Israel, es del todo
cierto que ella servía lo mismo para las niñas que para los niños; pero la
señal no se les aplicaba a ellas porque su sexo nO' la admitía. Y así el Señor,
al ordenar que los varones fuesen circuncidados, en ellos comprendía también al
sexo contrario, que al no poder recibir la circuncisión en su propio cuerpo,
participaba en cierto modo de la circuncisión de los varones.
En
conclusión: dejemos a un lado todas estas locas fantasías, como se merecen, y
retengamos firmemente la semejanza que existe entre el Bautismo y la
circuncisión en cuanto al misterio interior, a las promesas, al uso y a la
eficacia.
17. 5°. Los niños son
incapaces de comprender el bautismo
Les
parece también que tienen razón sobrada para que no sean bautizados los niños,
por el hecho de que no tienen uso de razón para comprender el misterio que en
él es representado; a saber, la espiritual regeneración, de la cual los niños
no son capaces. De ahí concluyen que se les debe dejar como a hijos de Adán,
hasta que hayan llegado a una edad en que sean capaces de esta regeneración.
Pero
la verdad de Dios es muy contraria a todo esto. Porque si se les debe dejar
como a hijos de Adán, se les deja en la muerte; pues en Adán no hay más que
muerte. Cristo, por el contrario, manda que los lleven a Él (Mt.19, 14). ¿Por qué? Porque Él es la vida. Quiere, pues,
hacerlos compañeros suyos, para vivificarlos. Pero éstos luchan contra su
voluntad, diciendo que permanezcan en la muerte. Porque, si piensan que los
niños no se pierden por ser hijos de Adán, su error es ampliamente refutado por
el testimonio de la Escritura. Al decir que todos mueren en Adán (1 Cor.15,22), se sigue que no hay
esperanza alguna de vida sino en Cristo. Por tanto, para ser herederos de la
vida es preciso tener parte con Cristo. Asimismo en otro lugar se dice que
todos somos por naturaleza hijos de ira, concebidos en pecado (Ef. 2, 3), el
cual trae siempre consigo la condenación; por tanto, debemos despojamos de
nuestra naturaleza, para poder entrar en el reino de Dios. ¿Y se puede decir
algo más claro que estas palabras: "la carne y la sangre no pueden heredar
el reino de Dios" (1 Cor.15,50)?
Es necesario, pues, que cuanto hay en nosotros perezca, para ser hechos
herederos de Dios; lo cual no puede tener lugar sin ser regenerados. Finalmente
es necesario qué permanezca verdadera la Palabra del Señor, cuando dice que Él
es la vida (Jn. 11,25; 14,6). Así pues, es necesario
que seamos injertados en Él para quedar libres de la servidumbre de la muerte.
6°. No pueden ser
regenerados. Mas, ¿de qué manera, argumentan ellos, son regenerados los niños, que
no conocen el mal ni el bien? A esto respondemos que, aunque la acción de Dios
permanezca oculta e incomprensible para nosotros, sin embargo no por eso hay
que dejar de hacerla. Que el Señor regenere a las criaturas que quiere salvar,
como es del todo cierto que salva a algunas, es del todo evidente. Porque si
nacen en la corrupción, deben ser purificadas antes de entrar en el reino
celestial, donde no puede penetrar cosa alguna manchada (Ap.
21,27). Si las criaturas nacen en pecado, como lo declaran David y san Pablo
(Sal. 51,5; Ef. 2, 3), necesariamente, o permanecen en desgracia de Dios y como
objeto de su ira, o son justificadas para serle gratas. Pero, ¿a qué buscamos
más, cuando el mismo Juez celestial nos dice que para entrar en su reino es
menester que renazcamos (Jn. 3, 3)? Y para cerrar la
boca a todos los amigos de murmuraciones, nos ofrece un ejemplo admirable en
san Juan Bautista, santificándolo en el vientre de su madre (Lc.1,15), y demostrando con ello
que 10 mismo podía hacer con los demás.
La
otra escapatoria que proponen tampoco tiene valor. Dicen que esto lo hizo Dios
una vez; y que de ahí no se sigue que lo haga con las otras criaturas. Nosotros
no afirmamos tal cosa; simplemente pretendemos demostrar que ellos sin razón
alguna quieren restringir la virtud y potencia de Dios con los niños; la cual,
sin embargo, ya una vez la ha Él demostrado.
El
otro subterfugio a que se acogen no es más sólido. Aseguran que es un modo de
hablar de la Escritura decir "desde el vientre de la madre", en vez
de desde la juventud. Porque se puede ver muy bien que el ángel, al decir estas
palabras a Zacarías no quiso decir lo que ellos pretenden, sino que el niño,
antes de nacer, sería lleno del Espíritu. Por tanto, no intentemos dar leyes -a
Dios; dejémosle que santifique a quien bien le parezca, como lo hizo con san
Juan, puesto que su mano no se ha acortado.
18. Sin embargo los
niños tienen parte en la santificación de Cristo
De hecho, la razón
de que Cristo fuese santificado desde su infancia fue que todas las edades
indistintamente fuesen, santificadas en Él, según le pareciera. Porque de la
misma manera que para destruir la culpa de desobediencia que en nuestra carne
se había cometido, se revistió de esta misma carne, en la cual por nuestra
causa y en nuestro nombre dar cumplida y perfecta obediencia; así también fue
concebido por el Espíritu Santo para que del todo lleno de esta santidad nos la
comunicase a nosotros. Y si tenemos en Jesucristo un perfectísimo dechado de
todas las gracias y mercedes que Dios hace a los suyos, también en esto nos servirá
de prueba de-que la mano de Dios no se ha acortado más para los niños que para
los de otra edad. Sea de ello lo que fuere, tengamos por cierto que el Señor no
saca de esta vida a ninguno de sus elegidos sin santificarlo y regenerarlo
primero con su Espíritu.
A la objeción de
que la Escritura no conoce ninguna otra regeneración que la que tiene lugar de
la semilla incorruptible por la Palabra de Dios (1 Pe.1,23),
respondemos que entienden muy mallo que dice san Pedro; pues él se dirige
únicamente a los fieles que habían sido enseñados con la Palabra de Dios. A
éstos afirmamos que la Palabra de Dios es la sola y única semilla de la
regeneración espiritual; pero negamos que de esto se siga que los niños no
puedan ser regenerados por la virtud y potencia de Dios a nosotros oculta y
admirable, pero para Él fácil y común. Además, sería una cosa poco segura
afirmar que el Señor no pueda de ninguna manera manifestarse a los niños.
19. 7°. Los niños
no pueden tener fe
¿Cómo, dicen, puede ser esto, si, como asegura san Pablo, "la fe es por el
oir" (Rom. 10, 17), y
los niños son incapaces de discernir el bien del mal?![]()
Pero
ellos no consideran que san Pablo habla aquí solamente
de la manera ordinaria que usa el Señor para infundir la fe a los suyos; no que
no pueda usar otra, como ciertamente lo hace con muchos, a los cuales, sin
jamás hacerles oír la Palabra, los ha tocado interiormente para .llamarlos a su
conocimiento. Y como les parece que esto repugna a la naturaleza de los niños,
los cuales, como dice Moisés, "no saben lo bueno ni lo malo" (Dt. 1,39), les pregunto por qué quieren restringir la
potencia de Dios, como si no supiese hacer con los niños lo que poco después
hace perfectamente con ellos. Porque si la plenitud de la vida consiste en
conocer perfectamente a Dios, como quiera que el Señor salva
a algunos que mueren aún niños, es cierto que Dios se les ha manifestado
enteramente. Y como ellos han de tener este perfecto conocimiento en la otra
vida, ¿por qué no pueden tener mientras viven aquí un destello del mismo,
principalmente cuando no decimos que Dios les quite esta ignorancia hasta que
los saque de la prisión del cuerpo? No que yo quiera temerariamente afirmar que
los niños tengan una fe cual la que nosotros tenemos; nuestra intención es
solamente mostrar la temeridad y presunción de los que siguiendo su loca
fantasía afirman y niegan cuanto se les antoja, sin tener en cuenta la razón
para hacerlo así.
20. 8°. Los niños
no pueden arrepentirse
Para
más forzamos dicen que el Bautismo es sacramento, según lo enseña la Escritura,
de penitencia y de fe. Mas como los. niños no son
capaces de ello, hemos de guardamos de que al recibirlos en el Bautismo no
hagamos vano y ridículo lo que el Bautismo significa.
Pero
estos argumentos más combaten contra lo que Dios ha ordenado, que contra
nosotros. Porque que la circuncisión fue signo de penitencia se ve muy
claramente en muchos lugares de la Escritura, principalmente en el capítulo
cuarto de Jeremías. Y san Pablo la llama "sello de la justicia de la
fe" (Rom.4, 11). Que pregunten, pues, a Dios,
por qué hacía que se aplicara a los niños; porque es la misma razón en el
Bautismo que en la circuncisión. Si la circuncisión no se les dio a los niños
sin motivo, tampoco ahora se les dará el Bautismo. Si se acogen a los
subterfugios que suelen, a saber: que los niños han figurado a los que
verdaderamente son niños en espíritu y en regeneración, ya se les ha cerrado
esta puerta.
Lo que
nosotros decimos es, pues, esto: que si el Señor ha querido que la circuncisión
- aunque era sacramento de fe y de penitencia - fuese comunicada a los niños,
no hay inconveniente alguno en que lo sea también ahora el Bautismo; a no ser
que estos calumniadores quieran acusar a Dios por haberlo así ordenado. Pero la
verdad, sabiduría y justicia de Dios brilla en todas sus obras para confundir
la locura, mentira y maldad. Porque aunque los niños no comprendían lo que la
circuncisión significaba, sin embargo no dejaban de ser circuncidados en su
carne para mortificación interna de su naturaleza corrompida, para que
meditasen en ello cuando la edad se lo permitiese. En resumen, esta objeción se
soluciona en una palabra diciendo que son bautizados en la penitencia y en la
fe futuras; de las cuales, aunque no vean cuando son bautizados apariencia
alguna, sin embargo la semilla de ambas por una oculta acción del Espíritu
Santo queda plantada.
De
esta manera se responde a todos los textos referentes al Bautismo, cuyo
significado retuercen contra nosotros. Así, de que san Pablo lo llama
lavamiento de la regeneración y de renovación (Tit.
3, 5) concluyen que el Bautismo solamente se debe dar al que es capaz de ser
regenerado y renovado; a lo cual les replicamos que la circuncisión es señal de
regeneración y renovación, luego no se debía dar sino a los que eran capaces de
la regeneración que significaba; de ser verdad lo cual, la ordenación de Dios
de circuncidar a los niños seria frívola e Irrazonable. Por consiguiente, todas
las razones que aducen contra la circuncisión en nada dañan al Bautismo.
Y no
se pueden escapar diciendo que se debe dar por hecho lo que el Señor ha
ordenado, y que se debe tener por firme, bueno y santo sin investigar más sobre
ello; la cual reverencia no se debe a las cosas que Él no ha ordenado
expresamente, como él bautismo de los niños y otras semejantes. Porque
fácilmente les cogeremos con nuestra respuesta. Di0s ha ordenado con razón que
los niños fuesen circuncidados, o no. Si Él lo ha ordenado de manera que nada
se pueda decir en contra, tampoco habrá mal alguno en bautizar a los niños.
21. Así que la
acusación de absurdo que ellos procuran aducir, la deshacemos de esta manera:
los niños que reciben la señal de la regeneración y renovación, si mueren antes
de llegar a la edad del discernimiento para comprenderlo, si son del número de
los elegidos del Señor, son regenerados y renovados por su Espíritu del modo
que a Él le place, conforme a su virtud y potencia oculta e incomprensible para
nosotros. Si llegan a una edad en que pueden ser instruidos en la doctrina del
Bautismo, comprenderán que en toda su vida no deben hacer otra cosa sino
meditar en la regeneración de la cual llevan en sí mismos la señal desde su
niñez.
De esta
manera hay que entender también lo que enseña san Pablo, que "somos
sepultados juntamente con (Cristo) por el bautismo" (Rom.
6,4; Col. 2, 12). Porque al decir esto no entiende que deba preceder al
Bautismo; solamente enseña cuál es la doctrina del Bautismo, la cual se puede
mostrar y aprender después de recibirlo, tan bien como antes. Asimismo Moisés y
los profetas muestran al pueblo de Israel lo que la circuncisión significaba,
aunque habían sido circuncidados en su niñez (Dt.10,
16; Jer.4,4).
Por
tanto, si quieren concluir que todo cuanto se representa en el Bautismo le debe
preceder, se engañan grandemente, puesto que todas estas cosas se escribieron a
personas que habían sido ya bautizadas.
Lo
mismo quiere decir san Pablo cuando escribe a los gálatas,
que cuando fueron bautizados se revistieron de Cristo (Gál.
3,27). ¿Con qué fin? Para que después viviesen en Cristo, lo cual no habían
hecho. Y si bien las personas mayores no deben recibir el signo sin que
entiendan primero lo que significa, la razón no es la misma para los niños
pequeños, como luego diremos.
Al
mismo fin tiende lo que dice san Pedro, cuando afirma que el Bautismo, que se
corresponde con el arca de Noé, nos ha sido dado para salvación; no el
lavamiento externo de las suciedades de la carne, sino la respuesta de la buena
conciencia para con Dios, que es por la fe en la resurrección de Jesucristo (1
Pe.3,21). Si la verdad del Bautismo, dicen, es el buen
testimonio de la conciencia delante de Dios, cuando no se da esto en él, ¿qué
será, sino una cosa vana y sin importancia? Por tanto, si los niños no pueden
tener esta buena conciencia, su Bautismo no es sino vanidad. Pero se engañan
siempre al querer que la verdad, que es precisamente lo que es significado,
preceda sin excepción alguna al signo. Error que ya hemos refutado
suficientemente. Porque la verdad de la circuncisión también consistía en el
testimonio de la buena conciencia; y si esto hubiera de preceder
necesariamente, Dios nunca hubiera mandado circuncidar a los niños. Pero al
enseñamos el mismo Señor que ésta es la sustancia de la circuncisión, y, sin
embargo,. ordenar que los
niños se circuncidasen, nos demuestra claramente con ello que se les concedía
respecto a eso para el futuro.
Por
tanto, la verdad presente que debemos considerar en el bautismo de los niños es
que es un testimonio de su salvación, que sella y confirma el pacto que Dios ha
establecido con ellos. Los demás significados de este sacramento los
comprenderán después, cuando agradare al Señor.
22. 9°. Refutación
de otros argumentos
Las
demás razones que suelen traer las trataremos brevemente.
Dicen que el
Bautismo es un testimonio de la remisión de los pecados. También yo lo concedo;
y afirmo que precisamente por esta razón conviene a los niños. Porque siendo
pecadores, tienen necesidad de perdón y remisión de los pecados. Y como el
Señor afirma que quiere ser misericordioso con esta tierna edad, ¿por qué vamos
a prohibirIes el signo de la misma, que es mucho
menos importante que la realidad que significa? y por eso nosotros volvemos el
argumento contra ellos y decimos: el Bautismo es señal de la remisión de los
pecados; luego la señal que sigue a la cosa, les es comunicada con todo
derecho.
Alegan
también lo que dice san Pablo, que el Señor purificó a su Iglesia en el
lavamiento de agua por la Palabra (Ef.5,26). Lo cual
es una prueba contra ellos; porque de lo que dice el Apóstol deducimos el
argumento siguiente: si el Señor quiere que la purificación que Él opera en su
Iglesia sea atestiguada y confirmada con el signo del Bautismo, y los niños
pertenecen a la Iglesia, puesto que son contados en el pueblo de Dios, y
pertenecen al reino de los cielos, se sigue que deben recibir el testimonio de
su purificación como los demás miembros de la Iglesia. Porque san Pablo, sin
exceptuar a persona alguna, comprende a toda la Iglesia en general cuando dice
que Nuestro Señor la purificó con el lavamiento del agua (Ef. 5,26).
Lo
mismo podemos concluir de lo que alegan, que por el Bautismo somos incorporados
a Cristo (l Cor. 12, 13). Porque si los niños
pertenecen al cuerpo de Cristo, como está claro por lo que hemos dicho, se
sigue que es razonable que sean bautizados, para que no estén separados de su
cuerpo. He aquí con qué ímpetu y fuerza pelean contra nosotros, acumulando
textos de la Escritura sin entenderlos.
23. 10°. Los
apóstoles no bautizan a los niños
Después quieren probar todo esto por la práctica que se siguió en tiempo de los
apóstoles, en el cual ninguno era bautizado antes de hacer profesión de su fe y
su penitencia. Porque san Pedro, dicen, preguntado por los que se querían
convertir al Señor, qué era lo que debían hacer, les responde que se
arrepientan y que se bauticen para remisión de sus pecados (Hch.
2, 37-38). Asimismo, cuando el eunuco pregunta a Felipe si debía bautizarse, le
responde: "Si crees de todo corazón, bien puedes" (Hch. 8, 37). De esto concluyen que el bautismo no está
mandado más que a aquellos que tienen fe y penitencia; y que el que carece .de
esto no debe ser bautizado.
Si
esta razón vale, se ve por el primer texto alegado que solamente bastaría la
penitencia, pues no se hace en él mención alguna de la fe; y, a su vez, por el
segundo, que solamente bastaría la fe, pues no se exige la penitencia. Dirán
que un texto y otro se completan, y hay que unirlos para poder entenderlo s
bien. Del mismo modo decimos nosotros también que para dar cohesión a todo hay
que unir todos los demás pasajes que pueden ayudar a resolver esta dificultad,
pues el verdadero sentido de la Escritura depende muchas veces del contexto.
Vemos,
pues, que las personas que preguntan qué es lo que deben hacer para salvarse
son personas que están ya en el uso de la razón. De éstos decimos que no deben
ser bautizados sin que primeramente den testimonio de su fe y penitencia en
cuanto se puede tener entre hombres. Mas los niños engendrados de padres
cristianos no se han de contar en este número. Que esto sea así, y no una invención
nuestra, se ve por los textos de la Escritura que confirman esta diferencia.
Así vemos que si alguno antiguamente se hacía miembro del pueblo de Dios era
preciso que antes de ser circuncidado fuese instruido en la Ley de Dios y en el
pacto que se confirmaba con el sacramento de la circuncisión.
24. Pero la
práctica de los apóstoles está de acuerdo con la doctrina del pacto
Tampoco
el Señor, cuando hizo alianza- con Abraham, comenzó
diciéndole que se circuncidase sin saber
por qué había de hacerlo, sino que le explica el pacto que quiere confirmar con
la circuncisión; y después que Abraham creyó en la promesa, entonces le ordenó
el sacramento. ¿Por qué Abraham no recibe la señal sino después de haber
creído, y en cambio su hijo Isaac la recibe antes de poder comprender lo que
hacía? Porque el hombre, estando ya en la edad del discernimiento, antes de ser
hecho partícipe del pacto debe saber primero qué es y en qué consiste. En
cambio, el niño engendrado por este hombre, siendo heredero .del mismo pacto
por sucesión, conforme a la promesa hecha al padre, con todo derecho es capaz
del signo, aunque no comprenda lo que el mismo significa. O para decirlo más
clara y brevemente, como el hijo del creyente participa del pacto de Dios sin
entenderlo, no se le debe negar el signo; pues es capaz de recibirlo sin
necesidad de comprenderlo. Ésta es la razón por la que Dios dice que los hijos
de los israelitas son sus hijos, como si Él los hubiese engendrado (Ez.16,20; 23,37), pues sin duda
alguna Él se considera Padre de todos aquellos a quienes ha prometido ser Dios
de los mismos y de su descendencia. En cambio, el que nace de padres infieles
no es contado en el pacto hasta que por la fe Se une con Dios. No es, pues, de
extrañar que no se le dé el signo; pues de hacerlo se le daría en vano. Por eso
dice san Pablo que los gentiles estaban durante el tiempo de su idolatría sin
pacto (Ef. 2,12).
Me
parece que toda esta materia quedará bien clara resumiéndola de esta manera:
las personas mayores que abrazan la fe en Cristo no deben ser aceptadas para
recibir el Bautismo antes de tener fe y penitencia, pues éstas solamente pueden
abrir la puerta para entrar en el pacto. Mas los niños que sean hijos de
cristianos, a los cuales les pertenece el pacto por herencia en virtud de la
promesa; por esta sola razón son aptos para ser admitidos al Bautismo. Y lo
mismo ha de decirse de los que confesaban sus faltas y pecados para que san
Juan los bautizase (Mt. 3,6); el cual ejemplo se debe
hoy seguir; porque si un turco o un judío viniera no debemos administrarle el
Bautismo antes de haberlo instruido y de que haya hecho tal confesión que
satisfaga a la iglesia.
25. 11°.
Explicación de Juan 3,5
Aducen también las palabras de Cristo, que cita san Juan: "El que no
naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (Jn. 3, 5). Aquí vemos, arguyen, cómo el Señor llama, al
Bautismo, regeneración. Siendo así que los niños son incapaces de la
regeneración, ¿cómo pueden ser aptos para recibir el Bautismo que no puede
existir sin la misma?
Primeramente se engañan al pensar que este texto deba entenderse del Bautismo,
porque en él se hace mención del agua. Porque después de exponer Jesucristo a Nicodemo la corrupción de nuestra naturaleza, y decide que
es preciso que seamos regenerados, como Nicodemo se
imaginaba un segundo nacimiento corporal, le muestra Cristo de qué manera Dios
nos regenera; a saber, en agua y en Espíritu; como si dijese: Por el Espíritu,
el cual purificando y regando las almas hace el oficio del agua. Así que yo
tomo el agua y el Espíritu simplemente por el Espíritu, que es agua. Esta
manera de hablar no es nueva, sino que está de acuerdo con la que se encuentra
en san Mateo, donde Juan el Bautista dice: "El que viene tras mí, él os
bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Mt. 3,11).
Por tanto, como bautizar en Espíritu Santo y fuego es dar el Espíritu Santo, el
cual tiene la naturaleza y la propiedad del fuego para regenerar a los fieles,
así también renacer por agua y por Espíritu no quiere decir otra cosa sino
recibir la virtud del Espíritu Santo, que hace en el alma lo mismo que el agua
en el cuerpo.
Sé que otros
interpretan este pasaje de otra manera; pero yo no tengo duda de que éste es el
sentido propio y natural del mismo, puesto que la intención de Cristo no es
otra que advertimos sobre la necesidad de despojamos de nuestra propia
naturaleza si queremos entrar en el reine de Dios. Aunque si quisiera andar con
sutilezas a estilo de ellos, podría replicarles muy bien que aun concediéndoles
cuanto dicen se seguirla que el Bautismo precede a la fe y a la penitencia,
pues en las palabras de Cristo se nombra primero el Bautismo que el Espíritu.
No hay duda que en este pasaje si habla de los dones espirituales; si tales
dones siguen al Bautismo, he conseguido mi intento. Pero dejando a un lado
todas estas sutilezas, contentémonos con la simple interpretación que he dado:
que ninguno puede entrar en el reino de Dios hasta ser regenerado con el agua
viva; es decir, con el Espíritu.
26. La verdadera
regeneración no depende del Bautismo
Con esto también se
convence de error a los que condenan a muerte eterna a todos los que no son
bautizados. Supongamos, conforme a su opinión, que el Bautismo no se debe
administrar sino a los adultos. ¿Qué dirían si un muchacho, instruido
convenientemente en la religión, llegase a morir antes de poder ser bautizado?
Nuestro Señor dice: "El que cree al que me envió, tiene vida eterna; y no
vendrá a condenación mas ha pasado de muerte a vida" (Jn.5,24).
No hay ningún lugar en que haya condenado a quienes no han -sido bautizados. No
quiero que esto se entienda como si yo fuera de la opinión de que se puede
prescindir del Bautismo sin miedo alguno; solamente quiero demostrar que no es
de tal manera necesario que no sea excusable quien no lo ha recibido, si tenía
un impedimento legítimo. En cambio, según la opinión de éstos, todos ellos sin
excepción alguna serían condenados, aunque tuviesen fe, con la cual poseemos a
Cristo. Y además condenan a todos los niños a los cuales no quieren conferir el
Bautismo, el cual dicen que es necesario para la salvación. Vean ahora cómo
pueden ponerse de acuerdo con lo que dice Cristo: que "de los tales es el
reino de los cielos" (Mt.19,14).
Por lo demás, aunque les concedamos todo lo que piden a este respecto ninguna
otra cosa pueden concluir de ahí, si primero no consiguen refutar la doctrina
referente a la regeneración de los niños, que hemos expuesto con claras y
sólidas razones.
12°. Explicación de
Mt.28,19. Pero sobre todo
aducen como principal fundamento de su opinión la primera institución del
Bautismo, la cual, dicen, tuvo lugar, como refiere san Mateo en el capítulo
último de su evangelio, cuando Cristo dijo: "Id,
y haced discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he
mandado" (Mt. 28, 19-20). A lo cual unen lo que
está escrito en san Marcos: "El que creyere y fuere bautizado, será
salvo" (Mc.16, 16). He aquí, dicen, cómo nuestro
Señor manda enseñar antes que bautizar, con lo cual demuestra que la fe debo:
preceder al Bautismo. De hecho, lo ha demostrado con su propio ejemplo, pues no
fue bautizado hasta la edad de treinta años (Mt. 3,
13;Lc. 3,23).
En esto se engañan
grandemente. Pues es un error manifiesto decir que el Bautismo ha sido aquí
instituido por primera vez, cuando el Señor desde el principio de su
predicación mandó a sus apóstoles que lo administrasen. No hay, pues, razón
para pretender que la Ley y regla del Bautismo ha de tomarse de estos pasajes
que citan, como si en ellos se contuviese la institución primera..del Bautismo.
Mas aun
perdonándoles este error, ¿qué fuerza puede tener su argumento? Ciertamente, al
que quisiera andar con tergiversaciones no se faltaria
modo de escapar de ellos. Porque, ya que tanto insisten en el orden de las
palabras, pretendiendo que como está dicho: Id y
bautizad; y: El que creyere y se bautizare; se debe concluir que primero es
predicar que bautizar, y creer que ser bautizado, ¿por qué no podemos replicar
nosotros que antes se debe administrar el Bautismo que enseñar a guardar todo
lo que se ha mandado, puesto que está escrito: Bautizad, enseñando d guardar
todo lo que os he mandado? Lo cual también lo hemos advertIdo
en la otra sentencia de Cristo de regeneración de agua y de Espíritu, que poco
antes aduje. Porque si se entienden como a ellos les agrada, hay que concluir
de ahí que el Bautismo ha de preceder a la regeneración espiritual, pues se
nombra en primer lugar, ya que el Señor no dice que debemos ser regenerados de
Espíritu yagua, sino de agua y de Espíritu.
28. Así, pues, el
argumento al que tanta importancia daban resulta muy débil. Pero no nos
detendremos aquí, sino que daremos una respuesta más firme y sólida en defensa
de la verdad; a saber, que el principal mandamiento que el Señor da aquí a sus
discípulos es que prediquen el Evangelio; a la cual predicación añade el
ministerio de bautizar, como algo subordinado a su principal tarea. Por tanto,
aquí no se habla del Bautismo sino en cuanto va unido a la predicación y la
doctrina; lo cual se puede entender mejor exponiendo un poco más ampliamente
las cosas.
El Señor envía a
los apóstoles a instruir a los hombres, de cualquier nación que fueren, en la
doctrina de la salvación. ¿Qué hombres? Evidentemente no entiende sino a los
que son capaces de recibir la doctrina. Luego prosigue que éstos, después de
haber sido instruidos, sean bautizados, añadiendo la promesa: Los que creyeren
y se bautizaren serán salvos. ¿Se hace mención alguna de los niños en toda esta
argumentación? ¿Qué clase de razonamiento es entonces la "que éstos
emplean?: las personas mayores deben ser instruidas y han de creer antes de ser
bautizadas; se sigue, por tanto, que el Bautismo no conviene a los niños. Por
más que se atormenten no podrán deducir de este pasaje sino que se debe
predicar el Evangelio a quienes son capaces de oirlo,
antes de bautizarlos, puesto que de ellos se trata únicamente. Por tanto no se
puede ver en tales palabras impedimento alguno para bautizar a los niños.
29. Y para que todo
el mundo pueda ver claramente sus engaños, les demostraré con un ejemplo en qué
se fundan.
Cuando dice san
Pablo: "Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma" (2 Tes. 3,10), el
que de ahí quisiera concluir que los niños, como no trabajan, no deben comer,
¿no mereceria que todo el mundo se riera de él? ¿Por
qué? Porque lo que se dice de una parte, ése lo aplica en general a todos. Pues
otro tanto hacen éstos; porqué lo que se dice de las personas mayores lo
aplican a los niños, haciendo una regla general.
En cuanto al
ejemplo de Cristo, no prueba nada en favor de ellos. Dicen que Jesucristo no
fue bautizado antes de los treinta años. Es verdad; pero la respuesta es muy
clara: que entonces quiso Él comenzar su predicación, y con ella fundar el
Bautismo, que ya san Juan había comenzado a administrar. Queriendo el Señor
instituir el Bautismo con su propia doctrina, para dar mayor autoridad a esta
institución, santificó el Bautismo en su cuerpo; y ello cuando sabía que era
más propio y conveniente; a saber, al poner por obra el cargo de predicar que
se le había dado.
En suma: no pueden
deducir otra cosa sino que el Bautismo tiene su origen en la predicación del Evangelio.
Y si les parece que hay que señalar el término de los treinta años, ¿por qué no
guardan esto, sino que bautizan a todos aquellos que les parece
se encuentran suficientemente instruidos? Incluso Servet,
uno de sus maestros, que tan pertinazmente insistía en los treinta años, había
ya comenzado a los veintiuno a ser profeta. ¡Goma si fuese admisible que un
hombre pueda jactarse de ser doctor de la Iglesia antes incluso de ser miembro
de ella!
30. Si se bautiza a
los niños, habrá que admitirlos también a la Cena
Objetan también que
según esa razón habría que administrar a los niños la Cena, lo cual nosotros,
queremos excluir. iComo si
la diferencia no se estableciera expresamente en la Escritura, y con toda
claridad! Admito que antiguamente se hizo así en la Iglesia, como se ve en
algunos escritores eclesiásticos, especialmente en san Cipriano y en san
Agustín, pero esta costumbre fue abolida, y con toda razón. Porque si
consideramos la naturaleza del Bautismo, veremos que es la primera entrada que
tenemos para' ser reconocidos como miembros de la Iglesia y contados en el
número del pueblo de Dios. Por tanto, el Bautismo es la señal de nuestra
regeneración y nacimiento, espiritual por el cual somos hechos hijos de Dios.
Por el contrario, la Cena ha sido instituida para aquellos que, habiendo pasado
ya de la primera infancia, son capaces de un alimento más sólido. Esta
diferencia se indica bien claramente en las palabras del Señor. Para el
Bautismo no establece distinción alguna de edad; mas para la Cena sí, al no
permitir que sea comunicada más que a quienes pueden discernir el cuerpo del
Señor, que se pueden examinar y probar, y pueden anunciar la muerte del Señor (Lc.22, 19), y entender cuánta es su virtud. ¿Podemos desear
nada más claro?: "Pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba
de la copa" (1 Cor.11,28).
Es menester, pues, que preceda el examen, lo cual no pueden hacer los niños. Y:
"El que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor,
juicio come y bebe para sí" (1 Cor.11,29). Si no pueden participar de la Cena dignamente sino
quienes se prueban y son capaces de conocer bien la santidad del cuerpo del
Señor, ¿estaría bien que diéramos a nuestros niños veneno en lugar de pan de
vida? ¿Qué quiere decir este mandato del Señor: Haced
esto en memoria de mí?" ¿Qué quiere decir lo que de aquí concluye el
Apóstol: Todas las veces que comiereis este pan, anunciaréis la muerte del
Señor hasta que venga? ¿Qué recuerdo podemos exigir de los niños respecto a lo
que nunca han entendido? ¿Cómo podrán anunciar la muerte del Señor, cuando ni
siquiera saben hablar? Ninguna de estas cosas se requiere en el Bautismo. Por
tanto la diferencia es muy grande entre estas dos señales; diferencia que
también existió en el Antiguo Testamento entre signos semejantes y
correspondientes a éstos. Porque la circuncisión, que evidentemente corresponde
a nuestro Bautismo, se aplicaba a los niños (Gn.17,
12); pero el cordero pascual no se daba a todos indistintamente, sino sólo a
los niños capaces de preguntar por el sentido del rito (Éx.12,26). Si esta gente tuviera un poco de discernimiento, no
dejaría de comprender una cosa tan clara y manifiesta.
31. Refutación de
los argumentos de Miguel Servet
Aunque me resulta
enojoso hacer un catálogo de tantos desvaríos, que podrán resultar pesados al
lector, sin embargo, como Servet, uno de los jefes
principales de los anabaptistas, cree que ha aportado razones decisivas contra
el Bautismo de los niños, será necesario refutarlas brevemente.
1º. Pretende que
los signos que Cristo ha dado, siendo perfectos, requieren que aquellos a
quienes se dan sean perfectos o capaces de perfección. La solución es fácil. En
vana se limita la perfección del Bautismo a un solo momento, cuando se extiende
y prolonga hasta la muerte. Más aún: deja ver bien a las claras su necedad al
exigir perfección en el hombre el primer día que es bautizado, cuando el
Bautismo nos invita a ella para todo el tiempo de nuestra vida, avanzando en
ella cada día.
2º. Objeta que los
sacramentos de Jesucristo son instituidos como memorial, para que cada uno
recuerde que es sepultado con Cristo. Respondo que lo que él ha inventado no
necesita respuesta. Por lo demás, bien claro se ve por las palabras de san
Pablo, que lo que Servet quiere atribuir al Bautismo
se refiere a la Cena; es decir, que cada cual se examine (1 Cor.1l,26-28); lo cual no se dice del Bautismo. De donde
concluimos que las criaturas que aún no se pueden examinar a sí mismas son
justamente bautizadas.
3º. A su tercer
argumento: que todo el que no cree en el Hijo de Dios permanece en la muerte, y
que la ira de Dios está sobre él (Jn. 3,36); Y que
por esta causa los niños, los cuales no pueden creer, están sumergidos en la
condenación, respondo que Cristo no habla aquí de la culpa general que afecta a
todos los hijos de Adán, sino que solamente amenaza a los que menosprecian el
Evangelio; los cuales con su soberbia y obstinación menosprecian la gracia que
por el Evangelio se les ofrece y presenta. Ahora bien, esto no tiene nada que
ver con los niños. Además le opongo una razón contraria: que todo lo que Cristo
bendice está libre de la maldición de Adán y de la ira de Dio!¡;
ahora bien, sabemos que bendijo a los niños; luego se sigue que están libres de
la muerte. Cita además falsamente lo que no se lee en ningún pasaje de la
Escritura: Todo el que es nacido del Espíritu oye la voz del Espíritu. Mas, aun
admitiendo que se halle escrito, no podrá concluir de aquí sino que los fieles
son inducidos a seguir a Dios, según el Espíritu obra en ellos. Ahora bien, es
un grave defecto aplicar a todos en general lo que se dice de algunos en
particular.
4°. Su cuarta
objeción es que como es antes lo que es animal o sensual (1 Cor.15,46), hay que esperar un tiempo conveniente para el
Bautismo, que es espiritual. Admito que todos los descendientes de Adán, siendo
engendrados según la carne, tienen consigo su condenación desde el seno de su
madre; sin embargo, niego que esto impida a Dios poner remedio cuando bien le
pareciere. Porque Servet nunca podrá demostrar que
haya un término señalado en que la renovación espiritual deba comenzar. San
Pablo declara que aunque los hijos de los fieles se encuentren por su
naturaleza en la misma perdición que los demás, sin embargo son santificados
por gracia sobrenatural (1 Cor.7, 14).
5°. Trae después
una alegoría. David, al subir a la fortaleza de Sión,
no llevó consigo ciegos ni cojos, sino soldados esforzados (2 Sam. 5, 8). Mas, ¿qué respondería Servet
si le opusiese la parábola en que Dios convida al banquete celestial a los
ciegos y a los cojos (Lc.14,21)?
Le pregunto también si los cojos y mancos habían servido primero a Dios en la
guerra. De lo cual se sigue que eran miembros de la Iglesia. Pero es superfluo
insistir más tiempo en esto, puesto que no es más que una falsedad que él ha
inventado.
Sigue luego otra
alegoría: que los apóstoles fueron pescadores de hombres (Mt.4;
19), Y no de niños. Mas yo le pregunto qué quiere decir Cristo al afirmar que
en la red del Evangelio se recogen toda clase de peces (Mt.13,47). Pero como no me gusta andar jugando con alegorías,
respondo que cuando se les mandó a los apóstoles predicar, no se les prohibió
bautizar a los niños. Y quisiera que me dijera, puesto que la palabra griega
que usa el evangelista significa toda criatura humana, por qué excluye a los
niños.
6°. Dice luego que
las cosas espirituales se han de acomodar a las espirituales (1 Cor. 2, 13); y que no siendo los niños espirituales no son
aptos para recibir el Bautismo. Pero en primer lugar se ve claramente que
retuerce perversamente el texto de san Pablo. Allí se trata de la doctrina;
como los corintios se deleitaban sobremanera con sutilezas e ingeniosidades,
san Pablo reprende su negligencia por tener aún necesidad de aprender los
primeros rudimentos de la religión cristiana. ¿Quién se atreverá a concluir de
aquí que los niños no deben ser bautizados; a los cuales, si bien engendrados
según la carne, Dios los consagra y dedica a sí mismo por una gratuita
adopción?
7°. En cuanto a la
objeción de que si son hombres nuevos, como nosotros decimos, deben ser
alimentados con un sustento espiritual, es fácil la respuesta. Los niños son
admitidos en el redil de Cristo por el Bautismo, y esta marca de su adopción
basta hasta que crezcan y puedan mantenerse con un alimento sólido; y por
tanto, que hay que esperar al tiempo del examen que Dios exige para la Cena.
8°. Objeta luego. que Cristo convida _a todos a su Cena. Pero está bien claro
que Cristo admite solamente a aquellos que están ya preparados para celebrar la
memoria de su muerte. De donde se sigue que los niños, a quienes ha tenido a
bien recibir en sus brazos, no dejan de pertenecer a la Iglesia, aunque
permanezcan en un grado inferior hasta que lleguen a la edad de la discreción.
A su réplica, que
es algo monstruoso que un hombre después de haber nacido, no coma, respondo que
las almas se apacientan con otro mantenimiento distinto del pan visible de la
Cena; y, por tanto, que Cristo no deja de ser pan con que sustentar a los
niños, aunque no reciban su señal visible: pero que respecto al Bautismo la
razón es muy diferente; pues por él solamente se les abren las puertas para
entrar en el gremio de la Iglesia.
9°. Objeta también
que un buen mayordomo distribuye a su familia el sustento a su tiempo y sazón.
De muy buen grado lo admito. Pero, ¿con qué autoridad y derecho determina un
momento propio en el Bautismo, para probar que en los niños no se da el momento
oportuno de recibirlo?
10°. Aduce también el mandato de Cristo a sus apóstoles de que se den prisa para la siega, pues ya los campos blanquean (Jn